Un pollito, un patito y un pequeño conejo, se encontraron en un corral y empezaron a conversar sobre lo que les deparaba el destino. El pollito consciente de donde se encontraba dijo con una voz temblorosa que sabía que su vida sería corta, pues el hombre sólo lo estaba alimentando y antes de que llegue a su plena madurez acabaría con su vida.
El pato y el pequeño conejo se sorprendieron al escuchar semejante revelación y sin pensarlo dos veces decidieron planificar una escapatoria para su compañero, pero fueron interrumpidos de manera abrupta por el pollito que les dijo de que dejaran de pensar en la fuga, pues eso era imposible más aún cuando ellos dos iban a tener el mismo destino que él.
Aterrorizados los tres corrieron despavoridos en círculos dentro del corral donde vivían, pero luego volvieron al mismo punto en donde se había iniciado la conversación. Por unos instantes se miraron y luego –el sudor recorría sus caras- dijeron que debían escapar de todas maneras. Mi estimado amigo, dijo el pollito llamado Oswaldo a l patito llamado Tony, no hay manera de que podamos huir, nuestra suerte está echada y pronto nos cortarán el cuello a los dos. Quizá sea para una de sus tradicionales fiestas o simplemente para una ocasión especial.
No seas pesimista dijo el conejo Walter, hablaré pronto con Inés para que a su vez le pida a sus padres para que les perdonen la vida y así tenemos todo solucionado. No sea ingenuo, dijo el pollito Oswaldo, si tú estás seguro es porque eres el juguete de turno de Inés, pero cuando se canse de ti también te cortarán el cuello y terminarán en guisado de esos que ellos preparan. Nuestro destino está echado y no ya nada que podamos hacer, nos van a matar y comer. No va a quedar nada de nosotros y eso es triste. Nuestro final es igual que el de nuestros padres, sí los que no conocimos y de los que nos contaron los sobrevivientes y privilegiados que son usados como productores.
No podemos terminar como la comida de otros, no tengo la intención de ser el alimento de otros. Tengo derecho a la vida y nadie me va a cambiar mi manera de pensar. No sé ustedes pero debo encontrar la forma de sobrevivir o por lo menos morir en el intento. No seas melodramático, dijo el patito Tony, debemos buscar otras opciones, debemos ser optimistas.
Tienes razón, dijo el conejo Oswaldo. Tanto como ustedes quiero ser libre, pero qué podemos hacer. No pienso darles el gusto, yo ya tengo la solución. Y de pronto lo vieron iniciar rumbo hacia el establo y una vez dentro a dentelladas rompió a dentelladas una bolsa de la que comió su contenido- El patito Tony leyó en la bolsa que decía: insecticida y simplemente exclamó: hagámoslo, y se lanzó sobre el insecticida, el pollito Oswaldo aún temeroso, miró por unos minutos a sus inseparables amigos y luego de unos segundos caminó con paso lento hacia la bolsa y picoteó y comió su contenido.
Horas más tarde los dueños de la granja, los encontraron tendidos sobre el suelo del establo muertos y regados a su alrededor el insecticida que comieron.