Hace varios años, cuando aún era un pipiolo (niño), mi abuelo –que en paz descanse- me contó una serie de historias de misterio de su natal Santa Cruz, Cajamarca. Muchas de esos relatos, creo yo, era de su invención, pero su finalidad siempre era el dejarnos una historia que al final terminara de educarnos y forjarnos mejores valores, y también una enseñanza de vida.
Una vez me contó, que cuando uno de sus tíos viajaba a caballo por los antiguos caminos que comunican a Santa Cruz con Cajamarca, desapareció misteriosamente con todo y animal. Cómo ocurrió todo, fue un misterio. Pero, según le contaron a él, su desaparición se debió a que fue tentado por el diablo y él, sin saber que lidiaba con el mismo Lucifer, tomó las decisiones equivocadas.
Nosotros, recordaba mi abuelo, lo buscamos por todos lados. Las cuadrillas de búsqueda estuvieron trabajando por meses, pero sencillamente nunca lo encontraron. No supieron nada de él, hasta un año después, cuando se cumplía el primer aniversario de su desaparición. Unos campesinos, que trabajaban en su hacienda, lo vieron cabalgar a todo training con dirección a un sendero. En ese momento lo persiguieron, pero cada vez que creían estaban acercándose desaparecía y terminaba apareciendo por otro lugar.
Con esta información llegaron hasta la casa de mi bisabuelo, Emilio Cabrejo, y le dijeron que habían visto a su hermano cabalgando en su corcel blanco, justo por el lugar en donde había desaparecido hacía un año. De inmediato Emilio empezó la búsqueda, la que a las pocas horas de iniciarse se truncó debido a la caída de la noche. Todos acamparon en esa zona y según lo relatado por mi abuelo, todos debieron librar una dura lucha contra el mal, pues sencillamente quería llevarse sus almas y al parecer Joaquín hermano de Emilio, había perdido y ahora formas parte de sus huestes.
Contaron, ya de regreso a la hacienda que durante toda la noche se les aparecieron una serie de entes con la imagen de los seres que más querían y los tentaban a cruzar la línea del mundo real al de los espíritus. Nosotros –contaba mi abuelo Samuel- los esperábamos con ansia, pues era un año de búsqueda que por fin daba frutos. Mi prima Amalia, hija de Joaquín, estaba ansiosa y no quería dormir pues tenía la esperanza de que en la mañana lo traerían de vuelva. Sus expectativas eran muy altas y no esperaba la hora de poder abrazarlo.
Las horas transcurrían y por fin llegó la mañana. Nadie había pegado un ojo durante la noche y muchos desde las ventanas esperaban ver al primer jinete que se aproxime con noticias; pero las horas transcurrían y nadie llegaba. Esto incrementaba aún más las expectativas de todos y es por eso que un grupo de hombres decidió salir a indagar en dónde estaban. Poco después regresaron con algunos de los caballos, pero de los que salieron en busca de Joaquín no habían noticias. Era como si la tierra se los hubiera tragado y sólo regresaban a dejar a los animales en los corrales y volvían a salir a buscarlos.
Las mujeres se preocuparon y decidieron unirse a las indagaciones, pero fueron rechazadas. Les dijeron que debían cuidar a los niños y ver que todo vaya viento en popa en la casa. Estaban muy preocupadas, pero se quedaron. Empezaron a rezar y se encomendaron a todos los santos. No perdían la esperanza de hallarlos sanos y salvos, así que esperaron.
Ya casi en la noche se recibieron las primeras noticias. Habían encontrado a Emilio, estaba inconsciente. Junto a encontraron a otros tres más, que se encontraban casi en las mismas condiciones, pero sólo balbuceaban algunas incoherencias, las mismas que al día siguiente pudieron esclarecerse.
De los diez hombres que salieron tras Joaquín, sólo retornaron cuatro. Del resto no había ni un rastro y eso era preocupante.
Llegó la mañana y por fin los hombres empezaron a reaccionar. El primero en revelar lo que había sucedido fue Emilio y dijo que su hermano se encontraba en una especie de limbo, en el que se encontraba en cuerpo y alma. No quiso regresar con ellos y peor aún, los atacó con tal fiereza que hizo desaparecer a varios de ellos. Lograron sobrevivir gracias a un viejo crucifijo bendito por el cura del pueblo y a las cruces que hicieron en las rocas que colocaron en una especie de círculo del que no salieron hasta que fueron rescatados por sus compañeros. Los demás tomaron riesgos con el único fin de llegar a sus hogares, pero se perdieron en el trayecto.
Ese mismo día decidieron no volver a buscarlo y por el contrario evitar cruzar por ese camino en el aniversario de su desaparición. La historia se hizo conocida y hay quienes dicen que de vez en cuando ven a Joaquín vestido de blanco montado en su corcel, cruzar a toda velocidad el sendero, como si persiguiera a alguien.