Ne me dejes con la mano extendida, tómala y quizá puedas
guiarla a los lugares que contigo conocí años atrás. ¡Tómala! No permitas que
las fuerzas te abandonen, ¡tómala! y llévame de paseo como lo hacías cuando
éramos niños. No dejes que el tedio y el enejo por el abandono de tus fuerzas
te venzan. Levántate y muéstrame un nuevo camino, uno que no haya conocido, y
que quieras enseñarme a transitar.
No me dejes con la mano extendida, tómala como
si fuera la primera vez. Recuerda los buenos años, cuando me cargabas en brazos
y me arrullabas para hacerme dormir. Toma mi mano y esta vez iniciemos una
travesía que nos permita limpiar asperezas con la vida, para iniciar el nuevo
camino hacia algo bueno, hacia lo desconocido.