Ricardo Rivas: Sentimientos a flor de piel
José Rivas. Chiclayo
Me ha pedido que escriba sobre Emiliano Ricardo Rivas Martino, poeta y docente lambayecano, hombre complejo con una mente aguda y rápida, de sentimientos a flor de piel, de carácter fuerte y aguerrido, enamorado de la vida y por la cual lucha día a día.
El difícil hablar del hijo que fue, del hombre en el que se convirtió, del esposo que eligió ser, del padre en el que se convirtió, del docente, del poeta, del hombre idealista, del cuestionador e inquisidor, del hombre que a sus 73 años de edad y con dos fechas de nacimiento, es y será.
Rivas Martino es un hombre apasionado y toda esa pasión que ha sentido por su esposa Matilde del Rosario Cabrejos Lozada y por sus siete hijos, ha quedado plasmada en sus versos publicados en más de 30 poemarios. Pero también esa pasión se ha visto influenciada notablemente por el amor a su madre (Rosa Martino Lozada) y hermanos, quienes son parte importante de todo su mundo.
La pasión lo es todo para él. Lo es para escribir sobre el amor, también para escribir sobre la vida y mucho más para describir el amor que siente por sus seres queridos. Vive el día a día. Sentado en un sillón y con una libreta en la mano, escribe y escribe. Su mente sigue despierta y no importan las casi 17 operaciones a las que ha sido sometido –dos de ellas al corazón que lo obligaron a retirarse de la vida pública-, y su creación continúa, pese a que ha decidido no publicar ningún poemario más.
En una oportunidad me comentó: “El escribir me hace daño y bien. No sé si pueda dejar de escribir, pues de hacerlo es renunciar a gran parte de mi existencia y sobre todo sellar mi muerte con un epitafio que no quiero”.
Rivas Martino –mi padre- es un mundo complejo de entender para quien no lo ha vivido de cerca. Es paciencia, es creación, tempestad y sobrevivencia, es la perpetuación de la mente e intelecto del hombre que en la vorágine de su vida ha experimentado la felicidad a plenitud (con su esposa e hijos), la tristeza extrema (con la muerte de su madre) y que pese a todas los tropiezos desea seguir viviendo.
Es el hombre de carne y hueso que nació con la habilidad de poder revelar sus sentimientos a través de los versos rítmicos y libres que cultivó con viejos amigos ya muertos, como José Alfredo Delgado Bravo, Juan Ramírez Ruiz, Max Dextre, los hermanos José y Raúl Ramírez Soto; y otros más que escapan a mi memoria.
Rivas Martino, se ha convertido en una figura difícil de igualar, pues su poesía por lo complejo de su composición, por la profundidad del mensaje, por los temas que trata que son en su mayoría la vivencia diaria, lo convierte en un personaje fuerte, sutil y reflexivo. La vida lo es todo para él, por ello no soporta la soledad, pero cuando ésta lo alcanza busca acercarse a ella para lograr colocar en ella su sello personal, el mismo que viene a ser su poesía, su poesía vivencial.
ERES BELLA
Eres bella, lo sé,
Lo sabe mi alma
que hace tiempo te presiente
en la lejura del sosiego.
Eres bella lo sé,
porque en tus ojos
la fresca sonrisa
se dibuja
como un manantial callado
donde beben
mis penas pálidas
de morir latente.
Y así, a tu paso por la vía
te sigue mi soñar desesperado,
queriendo detenerte entre los brazos,
rodear tu cintura cimbreante
y absorber de tus labios aquel beso
que me lleve al infinito
por los siglos….
(Del poemario Tiempo y olvido, 1968).
OLAS Y MAR
No soy el río de Javier
ni el de Jorge Manrique,
ni turbulento ni apacible
mi río está escondido.
No muero en el mar
tampoco hago mucho ruido,
mi río sólo discurre
en la soledad de un camino.
Nací rayando la aurora
de un día olvidadizo,
en olor a “Buenas tardes
hierbabuena y en cuna de niño”
jazmines y girasoles
en mis juveniles manos
llevo pegada a la piel
la hiedra que ha envejecido.
Una dantesca adultez
río, lloro, subo y bajo,
todo está en el crisol:
agua, fuego, tierra y llanto.
El olor de margaritas
me dicen que voy llegando,
mansedumbre de la noche
Navidad sin encanto.
Yo soy un río que tiene
volátil cause encorvado,
una madeja de empeños
que solo voy desmadejando;
y un cúmulo de ideas
retorciendo van las manos
languidez impronta de estío
senectud y un camposanto.