Son las siete de la mañana, hay que despertarse, hay que cumplir con las obligaciones de un adulto. ¡Qué fastidio! Hace frío y no quiero salir de la cama. Pero hay que ser responsable, pues vives de tu trabajo y no puedes perderlo en este momento tan crítico de tu vida. Hay que salir adelante a como dé lugar. Eso te hace salir de la cama y empezar un nuevo día de tedio en tu oficina.
Tomas una ducha fría que te despierta por completo. Te pones la ropa que dejaste preparada la noche anterior y luego sales a enfrentar nuevamente la realidad. Ya en la oficina recibes las órdenes para la nueva jornada y empieza el sufrimiento. Debes ver las mismas caras, las mismas personas que te hacen la vida imposible, a quienes tienes que ponerle una cara amistosa para intentar hacer llevadero el día y al final puedas llegar a casa entero y sin molestias.
Tratas y tratas de hacer las cosas bien, pero siempre hay alguna imperfección y por eso recibes una reprimenda. No saben que eres un simple humano, que no eres divino como ellos, y que debes enfrentarlos en su monte del Olimpo con tus armas, que son ordinariamente hechas por simples mortales.
Caramba, que lata, debí comprar un poco de esa divinidad antes de llegar a la oficina, y así hubiera podido competir con tantos seres supremos y por lo menos dar la talla ante tantos dioses. De nuevo debo regresar a casa molesto
martes, 28 de septiembre de 2010
viernes, 17 de septiembre de 2010
Si hubiera, qué hubiera
Existen muchas formas de lamentaciones, especialmente cuando las cosas ya están perdidas. Llorando sobre el hombro de algún amigo, o simplemente tapándonos el rostro con nuestras manos, siempre terminamos diciendo si hubiera, qué hubiera, como si al final fuéramos a recibir una respuesta que pueda tranquilizar todas nuestras lamentaciones.
Ethel, en alguna oportunidad me dijo que dejara de llorar y de repetir si hubiera dicho esto o aquello. Déjate de lamentar, pues estuvo en tus manos el evitar que se vaya. Ya deja de decir si le hubiera dicho que se quede a mi lado y no se vaya tan lejos. Ya deja de decir qué hubiera pasado si le hubiera revelado mis sentimientos, me reñía.
El si hubiera o qué hubiera, ya no existen, es este el momento de seguir adelante y de llevarlo como una marcha indeleble, como un recordatorio de lo que no debemos decir o hacer. Todos esos malos momentos deben quedar dentro del cajón de los recuerdos y de los malos momentos que nos tocó vivir. Deben servirnos de espejos, para que a cada instante nos reflejen lo que puede o no suceder si titubeamos o pensamos en el si hubiera o qué hubiera.
Ethel me hizo recordar lo que entre llantos repetía: qué hubiera pasado si le decía que se quede a mi lado. Qué hubiera pasado. Y si le hubiera dicho que la quería con toda el alma, que su partida me partía el corazón en mil pedazos y que mi alma se quedaba vacía.
Al final me contó que esa reflexión no era suya que la había visto en una película y que al igual que en mi caso ella se hizo los mismos cuestionamientos y que llegó a una conclusión: debemos dejar los temores e inseguridades a un lado y que siempre la vida nos da segundas oportunidades que no debemos dejar pasa. Que dejemos atrás el si hubiera o qué hubiera, y que empecemos a concentrarnos en lo que nosotros podemos hacer para enmendar las torpezas del pasado. Dejemos esos malos momentos y empecemos a decir lo hice y éste fue el resultado
Ethel, en alguna oportunidad me dijo que dejara de llorar y de repetir si hubiera dicho esto o aquello. Déjate de lamentar, pues estuvo en tus manos el evitar que se vaya. Ya deja de decir si le hubiera dicho que se quede a mi lado y no se vaya tan lejos. Ya deja de decir qué hubiera pasado si le hubiera revelado mis sentimientos, me reñía.
El si hubiera o qué hubiera, ya no existen, es este el momento de seguir adelante y de llevarlo como una marcha indeleble, como un recordatorio de lo que no debemos decir o hacer. Todos esos malos momentos deben quedar dentro del cajón de los recuerdos y de los malos momentos que nos tocó vivir. Deben servirnos de espejos, para que a cada instante nos reflejen lo que puede o no suceder si titubeamos o pensamos en el si hubiera o qué hubiera.
Ethel me hizo recordar lo que entre llantos repetía: qué hubiera pasado si le decía que se quede a mi lado. Qué hubiera pasado. Y si le hubiera dicho que la quería con toda el alma, que su partida me partía el corazón en mil pedazos y que mi alma se quedaba vacía.
Al final me contó que esa reflexión no era suya que la había visto en una película y que al igual que en mi caso ella se hizo los mismos cuestionamientos y que llegó a una conclusión: debemos dejar los temores e inseguridades a un lado y que siempre la vida nos da segundas oportunidades que no debemos dejar pasa. Que dejemos atrás el si hubiera o qué hubiera, y que empecemos a concentrarnos en lo que nosotros podemos hacer para enmendar las torpezas del pasado. Dejemos esos malos momentos y empecemos a decir lo hice y éste fue el resultado
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