La vida es como el juego de la ruleta rusa en la que un solo disparo puede acabar con la vida de alguien y alzar como ganador a otro. Es el azar, la buena suerte, la buena fortuna la que te hace salir ganador de cada encuentro. Los desafortunados son simples desgraciados a quienes la suerte los abandonó cuando más lo necesitaban. Son cuestiones de gringos en la que los negros, salen sobrando, dijo por ahí cierto personaje.
Lo cierto que en cualquier parte del mundo la vida es como el juego de la ruleta rusa. ¿Por qué? Muy sencillo. Cada toma de decisiones, cada paso que se da para avanzar en lo profesional, sentimental, amical o marital, tendrá una consecuencia. Será un disparo certero o fallido que nos hará acertar en el blanco o simplemente nos hará meditar: hubo mala suerte o quizá al final diremos hubo mala suerte. Yo pienso: que lata, que mala suerte, que miércoles pasó que lo planeado no salió bien. Porqué ese sujeto si tuvo la buena fortuna de acertar o porque su estrella brilla más que la mía.
Es envidia, enojo, maldiciones y también reclamos, que en la mayoría de los reclamos no tiene ningún sustento. Reflexiono y digo: Porqué renegar de tu fortuna cuando tú mismo la puedes forjar. Es sencillo planificar algo y después decir qué mala suerte no salió o poner peros o simplemente buscar otros culpables que no vas a ser tú. Date un sacudón, busca cuáles fueron tus errores y luego intenta enmendarlos. No dejes que el desgano te gane. No dejes que el pesimismo te invada. Cada vez que eso suceda piensa en positivo, piensa que sólo fue un tropiezo, una pequeña caída y busca la forma de levantarte y seguir caminando.
Esto es algo motivacional, es una simple recomendación para todos los que aplanan las calles en busca de un mejor futuro, de un mejor porvenir. Para aquellos que tienen sueños y quieren cumplirlos a como dé lugar. No hay marcha atrás, nos tiempo para retroceder ni siquiera para tomar impulso.
1 comentario:
Haz sólo lo que amas y serás feliz, y el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será, y si esta vez no lo toco, llegará naturalmente.
Lo dijo un señor, se hacia llamar un tal, Facundo Cabral.
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