viernes, 6 de febrero de 2015

LA SOPA QUEMADA

Hubo una vez que me invitaron a comer a un conocido restaurante de la ciudad. Las expectativas no eran muchas, además era algo rápido pues debíamos ir a trabajar. Señores buenas tardes, se acercó diciendo una de las camareras que de inmediato nos dijo sería la encargada de atendernos y de tomar nuestros pedidos.
Hasta ese momento nada era algo inusual. Señores tenemos de almuerzo, tal y cual cosa, pero de entrada sólo tenemos sopa. Nada más sopa, dijo uno de muchos, sí, replicó la camarera. No queda opción, que sea sopa. Nada hacía pensar que al momento de recibir nuestros pedidos nos llevaríamos una gran, pero gran sorpresa. La sopa estaba, literalmente, quemada.
No es una broma, es la pura verdad. Cuando Juan dio la primera cucharada lo primero que dijo fue: la sopa está quemada. Nosotros nos reímos al unísono  y no le creímos en ese momento. Pero cuando también dimos la primera probada ter minamos por darle la razón. Los fideos estaban medio negros por la excesiva cocción, las papas habían corrido la misma suerte y no que decir de la carne que le habían echado.
Llamamos a la camarera y le preguntamos que qué tipo de sopa nos había servido. A la minuta respondió. Pero no se parecía en nada a los que era el plato. Fue Sara quien tomó la palabra y le muy molesta le dijo que el plato que nos habían servido era un asco y que ya no sirva el resto del pedido. La joven, sin perder la compostura, perfecto pero les voy a traer la cuenta de lo que han consumido. Qué sinvergüenzas, dijo Sara, nos atienden mal y todavía nos quieren cobrar por comida que no es apta para el consumo, dijo molesta y volteando hacia Ignacio,,le dijo que llamara al serenazgo y la Policía para que intervengan el local.
Al ver la discusión la supervisora de camareros se acercó a nuestra mesa y preguntó qué sucedía. Luego de explicarle lo sucedido, intentó justificar lo sucedido diciendo que era la receta especial del cocinero, pero que como no había sido de nuestro agrado no nos cobrarían nada y podíamos irnos cuando quisiéramos, ya que no nos denunciarían.
Era algo verdaderamente inaudito lo que sucedía, estaban en falta y todavía querían voltear la situación a su favor. Nos levantamos de la mesa y Sara empezó a grabar, con su teléfono celular, los platos de sopa con su contenido quemado y salimos del local revelando cuáles eran nuestras intenciones. Los denunciaremos ante Indecopi, les gritó Sara, y luego abandonamos el lugar sin haber comido nada.
Lo único de bueno de todo esto, fue la promesa de nunca más volver a comer en ese restaurante, como también tampoco a recomendarlo con ninguno de nuestros amigos o conocidos.

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