viernes, 19 de marzo de 2010

RICARDO RIVAS I

Ricardo Rivas: Sentimientos a flor de piel


José Rivas. Chiclayo




Me ha pedido que escriba sobre Emiliano Ricardo Rivas Martino, poeta y docente lambayecano, hombre complejo con una mente aguda y rápida, de sentimientos a flor de piel, de carácter fuerte y aguerrido, enamorado de la vida y por la cual lucha día a día.

El difícil hablar del hijo que fue, del hombre en el que se convirtió, del esposo que eligió ser, del padre en el que se convirtió, del docente, del poeta, del hombre idealista, del cuestionador e inquisidor, del hombre que a sus 73 años de edad y con dos fechas de nacimiento, es y será.

Rivas Martino es un hombre apasionado y toda esa pasión que ha sentido por su esposa Matilde del Rosario Cabrejos Lozada y por sus siete hijos, ha quedado plasmada en sus versos publicados en más de 30 poemarios. Pero también esa pasión se ha visto influenciada notablemente por el amor a su madre (Rosa Martino Lozada) y hermanos, quienes son parte importante de todo su mundo.

La pasión lo es todo para él. Lo es para escribir sobre el amor, también para escribir sobre la vida y mucho más para describir el amor que siente por sus seres queridos. Vive el día a día. Sentado en un sillón y con una libreta en la mano, escribe y escribe. Su mente sigue despierta y no importan las casi 17 operaciones a las que ha sido sometido –dos de ellas al corazón que lo obligaron a retirarse de la vida pública-, y su creación continúa, pese a que ha decidido no publicar ningún poemario más.

En una oportunidad me comentó: “El escribir me hace daño y bien. No sé si pueda dejar de escribir, pues de hacerlo es renunciar a gran parte de mi existencia y sobre todo sellar mi muerte con un epitafio que no quiero”.

Rivas Martino –mi padre- es un mundo complejo de entender para quien no lo ha vivido de cerca. Es paciencia, es creación, tempestad y sobrevivencia, es la perpetuación de la mente e intelecto del hombre que en la vorágine de su vida ha experimentado la felicidad a plenitud (con su esposa e hijos), la tristeza extrema (con la muerte de su madre) y que pese a todas los tropiezos desea seguir viviendo.

Es el hombre de carne y hueso que nació con la habilidad de poder revelar sus sentimientos a través de los versos rítmicos y libres que cultivó con viejos amigos ya muertos, como José Alfredo Delgado Bravo, Juan Ramírez Ruiz, Max Dextre, los hermanos José y Raúl Ramírez Soto; y otros más que escapan a mi memoria.

Rivas Martino, se ha convertido en una figura difícil de igualar, pues su poesía por lo complejo de su composición, por la profundidad del mensaje, por los temas que trata que son en su mayoría la vivencia diaria, lo convierte en un personaje fuerte, sutil y reflexivo. La vida lo es todo para él, por ello no soporta la soledad, pero cuando ésta lo alcanza busca acercarse a ella para lograr colocar en ella su sello personal, el mismo que viene a ser su poesía, su poesía vivencial.




ERES BELLA

Eres bella, lo sé,

Lo sabe mi alma

que hace tiempo te presiente

en la lejura del sosiego.

Eres bella lo sé,

porque en tus ojos

la fresca sonrisa

se dibuja

como un manantial callado

donde beben

mis penas pálidas

de morir latente.

Y así, a tu paso por la vía

te sigue mi soñar desesperado,

queriendo detenerte entre los brazos,

rodear tu cintura cimbreante

y absorber de tus labios aquel beso

que me lleve al infinito

por los siglos….



(Del poemario Tiempo y olvido, 1968).




OLAS Y MAR




No soy el río de Javier

ni el de Jorge Manrique,

ni turbulento ni apacible

mi río está escondido.

No muero en el mar

tampoco hago mucho ruido,

mi río sólo discurre

en la soledad de un camino.

Nací rayando la aurora

de un día olvidadizo,

en olor a “Buenas tardes

hierbabuena y en cuna de niño”

jazmines y girasoles

en mis juveniles manos

llevo pegada a la piel

la hiedra que ha envejecido.

Una dantesca adultez

río, lloro, subo y bajo,

todo está en el crisol:

agua, fuego, tierra y llanto.

El olor de margaritas

me dicen que voy llegando,

mansedumbre de la noche

Navidad sin encanto.

Yo soy un río que tiene

volátil cause encorvado,

una madeja de empeños

que solo voy desmadejando;

y un cúmulo de ideas

retorciendo van las manos

languidez impronta de estío

senectud y un camposanto.

(De Camino a la Soledad, último poemario sin publicar).

2 comentarios:

Claudia dijo...

DEfinitivamente, un poeta a flor de piel. Maestro, aunque no tengo el gusto de conocerlo, su poesía ya me dice mucho de él...

Felicitaciones amigo. Sus poemas me encantaron.

MAGALI dijo...

Hermoso poema, tan hermoso como la persona que fué. Bello recuerdo del que fuera mi mejor profesor del Santa María Reyna.
Domde ouedo conseguir sus pormarios completos?