martes, 28 de septiembre de 2010

Día ordionario

Son las siete de la mañana, hay que despertarse, hay que cumplir con las obligaciones de un adulto. ¡Qué fastidio! Hace frío y no quiero salir de la cama. Pero hay que ser responsable, pues vives de tu trabajo y no puedes perderlo en este momento tan crítico de tu vida. Hay que salir adelante a como dé lugar. Eso te hace salir de la cama y empezar un nuevo día de tedio en tu oficina.
Tomas una ducha fría que te despierta por completo. Te pones la ropa que dejaste preparada la noche anterior y luego sales a enfrentar nuevamente la realidad. Ya en la oficina recibes las órdenes para la nueva jornada y empieza el sufrimiento. Debes ver las mismas caras, las mismas personas que te hacen la vida imposible, a quienes tienes que ponerle una cara amistosa para intentar hacer llevadero el día y al final puedas llegar a casa entero y sin molestias.
Tratas y tratas de hacer las cosas bien, pero siempre hay alguna imperfección y por eso recibes una reprimenda. No saben que eres un simple humano, que no eres divino como ellos, y que debes enfrentarlos en su monte del Olimpo con tus armas, que son ordinariamente hechas por simples mortales.
Caramba, que lata, debí comprar un poco de esa divinidad antes de llegar a la oficina, y así hubiera podido competir con tantos seres supremos y por lo menos dar la talla ante tantos dioses. De nuevo debo regresar a casa molesto

No hay comentarios: