Nosotros, los que hace unos veinte años fuimos muchachos impetuosos llenos de vida y de sueños, nos reunimos después de dos décadas para recordar viejos tiempos y reencontrarnos para saber cuántos hemos cambiado, y cuánto hemos crecido desde la última vez que nos vimos, en febrero de 1994.
Son muchos años de ausencia, de separación obligada, pues cada quien debió seguir su camino y forjarse su propio destino. Unos fuimos más afortunados que otros y esa reunión sirvió para reflexionar sobre lo que podemos hacer por aquel que necesite de nosotros.
Fue agridulce recordar a la china Giovana, una chinita delicada, querendona y amiguera. En el 2011 falleció de cáncer y sus hijos la están pasando mal. Una historia triste y difícil de contar. Es un capítulo que aún está abierto y que algún día se pueda cerrar.
Los muchachos estamos dispuestos a encontrarnos de nuevo y poder continuar estrechando esos viejos lazos de amistad que estaban un poco oxidados. Fuimos pocos, pero con el paso de los de los días y las semanas esperemos que seamos más. Fue agradable estar con ellos. Fue bueno estar con ellos después de tanto tiempo de olvido. Es hora de empezar a refrescar la memoria.
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