El campo, el verdor del prado que encuentro frente a mí me hacen sentir reconfortado. Me hacen sentir liberado del abrumador y cotidiano trabajo. Sentir el suave céfiro en mi rostro, es algo de otro mundo. Es tranquilizador, es toda una terapia que te permite relajarte y sentirte otra persona.
Hacía tiempo que no visitaba el campo. Después de tanto tiempo retornaba y lo encontraba extraordinariamente medicinal. Estaba feliz, estaba decidido a sacarle el máximo de los provechos a esta experiencia, que quizá no se presentaría sino dentro otras dos décadas. Quizá para ese entonces ya no esté vivo.
Es un buen momento para dejar libre a la imaginación. Dejar que se explaye y comience a hilar historias como las que contábamos en los patios del colegio al anochecer, luego de cumplir con el castigo impuesto por los curas por llegar tarde a clases.
Recuerdo una en especial. Una que contó Miguel Ángel, uno de mis mejores amigos, de quien hace años no tengo noticias. Narró que en una oportunidad su abuelo, proveniente de la sierra cajamarquina le contó una vieja historia del un hombre-ave con una sola pierna, que aparecía en la espesura del bosque cada noche de luna nueva.
Miguel contó que la historia de su abuelo se centra en el desafío impuesto a un joven, quien debía probar su valentía a los miembros de su comunidad. Le dieron a escoger tres pruebas. La primera consistente en someterse a pruebas de rigor físico; la segunda un duelo con el campeón del pueblo y la tercera la dejaban a su elección. Le dieron unos minutos para que decida, cual de todos desafíos deseaba escoger y así ocurrió.
Abel, quien era el joven puesto a prueba, decidió que él escogería cual desafío enfrentar y le comunicó a la asamblea que enfrentaría al hombre-ave, y que les llevaría prueba de ello. Pronto aparecería la luna nueva y se preparó todo, para que esta iniciación del joven, que se convertiría en hombre, no tenga retrasos. Todos había quedado sorprendidos por la elección de Abel, incluso hubo quienes intentaron convencerlo de que desista.
La tradición oral, cuenta que todo aquel que enfrentaba al hombre-ave, no vivía para contarlo. Siempre encontraban horrible muerte e incluso muchos de ellos nunca más eran vistos. Simplemente desaparecían de la faz de la tierra sin dejar ningún tipo de huella.
Pero Abel no entendió razones y continuó con su osado plan. Durante el día, visitó a un viejo curandero. Muchos le temían, pues pese a estar muy viejo –muchos creen que tenía más de cien años- podía ver a través de todo y a todos pese a su ceguera. Sus ojos eran completamente blancos, pero caminaba solo, sin que nadie lo ayude, realizaba sus mesadas e incluso podía mirarte fijamente a los ojos y hablarte. Su presencia era escalofriante, parecía tener un aura potente y oscura, su temple era firme y siempre que hacía alguna predicción, muchos se ponían a temblar, pues éstas se cumplían. Decían que se trataba de un hombre místico que conocía los secretos de los antiguos chamanes.
Ese día Abel, fue a verlo y se quedó en su choza casi todo el día. Minutos antes del atardecer, Salió y fue a despedirse de sus familiares. Les dijo: pronto nos vemos, tengan caliente la cena, que voy a regresar y de esa manera se adentro en la espesura del bosque.
Los lugareños se congregaron en la plaza principal del pueblo pues estaban conscientes que era una hazaña difícil de lograr. Mientras Abel permanecía en el bosque, muchos de los hombres comenzaron a hacer apuestas sobre la sobrevivencia de Abel en el bosque, inclusos algunos creían que iba a regresar corriendo al verse completamente solo en la oscuridad de la noche.
Abel llevaba ropa ligera y un poncho, con el que esperaba enfrentar el frío de la noche e incluso madrugada. Portaba un machete, un puñal, una cantimplora repleta de agua, un pequeño crucifijo colgado al pecho que le dio su madre y una botella aguardiente. No tenía más. Su padre le había querido dar una escopeta, pero la rechazó, pues le dijo que le iba a ser inútil contra ese extraño ser. Tenía lo que consideraba lo necesario y estaba confiado de ser el triunfador.
Las horas pasaban y por fin se escuchó el fuerte aleteo del extraño ente y supieron que se había iniciado la batalla entre Abel y su presa. Se escucharon extraños graznidos, y gritos del joven. Muchos quisieron ir en su ayuda, pero sencillamente se detuvieron, pues no era su desafío. Se quedaron parados y esperaron hasta el final. Las aves, revolotearon y extrañamente se fueron del lugar, pese a ser de noche. No quisieron ser testigos de tan cruenta batalla.
El enfrentamiento duró toda la noche y cuando el crepúsculo estaba pronto a dar paso al amanecer, todo se volvió silencio. Los primeros rayos de sol aparecieron y todos los hombres fueron a buscarlo. Lo hallaron tendido completamente ensangrentado, con heridas en todas partes del cuerpo y a su lado yacía muerto el viejo curandero, quien sólo tenía una sola pierna.
Abel fue llevado con le médico quien curó sus heridas. Después de ese día nadie volvió a hablar del tema. Años más tarde se supo que Abel descubrió el secreto del viejo curandero, quien le reveló la forma de cómo matarlo y al mismo tiempo liberarlo de esa maldición que su familia cargaba con el paso de las generaciones. No reveló más detalle, pero desde ese entonce esa extraña ave con forma humana nunca más fue vista
viernes, 28 de noviembre de 2008
El sueño
Son las ocho de la noche y estoy saliendo del trabajo y durante todo el día estuve inquieto por un sueño que tuve. Soñé contigo, aunque no lo creas. Caminábamos conversando de no sé que tema y de pronto me tomaste de la mano. Sentí que estabas un poco nerviosa, pues temblabas un poco. Me mirabas fijamente y por un momento recordé que esa escena era un viejo recuerdo de los buenos momentos que pasamos juntos.
Nuestra caminata continuó por varios minutos pero sin rumbo definido. Todo era perfecto en ese instante. Sólo éramos tú y yo. Fueron recuerdos intensos y felices, a los que me aferré luego de nuestra abrupta separación. Recuerdo que esa noche antes de despedirnos me preguntaste hacia dónde viajábamos en esta relación, y mi respuesta fue sencilla, quizá trillada, pero fue sincera y de corazón: hacia la felicidad, te dije; y nos abrazamos y besamos por un largo rato. Era el paraíso.
Mientras caminaba hacia mi casa, ese recuerdo aparecido en mis sueños, me puso incómodo, creí que había superado todo lo vivido contigo, pero el volverte a ver, removió todo ese viejo sentimiento que no he podido arrancar ni de mi cerebro y corazón. Sigue presente y por más que quiero borrarlo, me sigue atormentando. ¿Qué me pasa?, me pregunto y simplemente no halló respuesta que me pueda consolar.
El verte otra vez, abrió viejas heridas. Con tu cruel belleza me sigues atormentando. ¿Qué me pasa?, vuelvo preguntarme, y simplemente me resigno a pensar que sigo marcado por tu presencia, por tu ausencia, por los recuerdos, por tu querer y abandono. Me rehúso a seguir siendo esclavo de aquellos recuerdos. Me rehúso a continuar marcado por tu amor y desamor. Me rehúso a seguir perdido y no encontrar el camino hacia un puerto definitivo. Ya no quiero estar a la deriva. Quiero buscar nuevas oportunidades y alejarte de mí. Ya no quiero que me atormentes, quiero dejar de pensar en ti y empezar a construir nuevos caminos.
La caminata se me hizo corta. En un abrir y cerrar de ojos me encuentro frente a la puerta de mi casa. En ese instante no actúo de manera automática. Llevó una de mis mano a mi bolsillo, saco mis llaves y abro la puerta. Ya dentro, sentado con una taza de café en la mano, sigo pensando en lo mismo y me digo que es necesario que deje de atormentarme con ese viejo recuerdo. Me doy ánimos y veo la necesidad de dar la vuelta a la página y seguir adelante y así lo decido.
Hoy voy a soñar con algo bonito y diferente. Voy soñar que soy feliz
Nuestra caminata continuó por varios minutos pero sin rumbo definido. Todo era perfecto en ese instante. Sólo éramos tú y yo. Fueron recuerdos intensos y felices, a los que me aferré luego de nuestra abrupta separación. Recuerdo que esa noche antes de despedirnos me preguntaste hacia dónde viajábamos en esta relación, y mi respuesta fue sencilla, quizá trillada, pero fue sincera y de corazón: hacia la felicidad, te dije; y nos abrazamos y besamos por un largo rato. Era el paraíso.
Mientras caminaba hacia mi casa, ese recuerdo aparecido en mis sueños, me puso incómodo, creí que había superado todo lo vivido contigo, pero el volverte a ver, removió todo ese viejo sentimiento que no he podido arrancar ni de mi cerebro y corazón. Sigue presente y por más que quiero borrarlo, me sigue atormentando. ¿Qué me pasa?, me pregunto y simplemente no halló respuesta que me pueda consolar.
El verte otra vez, abrió viejas heridas. Con tu cruel belleza me sigues atormentando. ¿Qué me pasa?, vuelvo preguntarme, y simplemente me resigno a pensar que sigo marcado por tu presencia, por tu ausencia, por los recuerdos, por tu querer y abandono. Me rehúso a seguir siendo esclavo de aquellos recuerdos. Me rehúso a continuar marcado por tu amor y desamor. Me rehúso a seguir perdido y no encontrar el camino hacia un puerto definitivo. Ya no quiero estar a la deriva. Quiero buscar nuevas oportunidades y alejarte de mí. Ya no quiero que me atormentes, quiero dejar de pensar en ti y empezar a construir nuevos caminos.
La caminata se me hizo corta. En un abrir y cerrar de ojos me encuentro frente a la puerta de mi casa. En ese instante no actúo de manera automática. Llevó una de mis mano a mi bolsillo, saco mis llaves y abro la puerta. Ya dentro, sentado con una taza de café en la mano, sigo pensando en lo mismo y me digo que es necesario que deje de atormentarme con ese viejo recuerdo. Me doy ánimos y veo la necesidad de dar la vuelta a la página y seguir adelante y así lo decido.
Hoy voy a soñar con algo bonito y diferente. Voy soñar que soy feliz
jueves, 6 de noviembre de 2008
Bajo el Algarrobo
Una tarde me encontraba trabajando en el campo y de pronto me sentí cansado, fatigado y hasta hastiado de tanto labrar la tierra para sembrarla y esperar largas semanas y meses para cosecharla. No sé del porqué de ese sentimiento, pero sentí mucho desgano. Dejé la palana a un lado y ante la mirada de mis hermanos, de mi esposa, hijos y sobrinos, me fui a sentar a la sombra de un viejo algarrobo que estaba cerca de mi hogar.
Todos me miraron, pero nadie me dijo nada. Pensé en ese momento que notaron mi cansancio y que por ello nadie me increpó nada. ¡A quién le importa lo que puedan pensar!, dije en silencio y me senté con cierta dificultad. Me dolían las rodillas y la cintura de tanto estar inclinado palaneando la tierra.
Me recosté en el tronco y simplemente cerré mis ojos. En ese momento pensaba en todo lo que me dolía y decidí no dedicar tanto tiempo a esos males, así que busqué entre mis recuerdo los momentos más felices que había vivido hasta el momento.
Por un instante me ví corriendo de niño por el campo detrás de mi madre quien iba junto a mi hermano mayor al pueblo a comprar. Valle Hermoso quedaba muy lejos de Las Lomas y ella no quería llevarme pues sabía que al final iba a terminar cargándome y el pobre de mi hermano sería el que más sufriría, pues tendría que echar al hombro todas las compras hechas. Al final me quedé sentado llorando y gritándole a mi pobre madre que era una mala.
Estaba relajado y continué recordando. Esta vez ya había terminando el colegio. Ví viejos amigos, de quienes no sabía nada desde hacía mucho tiempo. Recordé a Carlos, Jorge y Luis, la pandilla que era inseparable en esos tiempos. Recordé a Ignacio, ese pata era todo un caso. Tenía unos sesenta años de edad y era recontra que enamorador. Una vez desapareció del pueblo pues se había involucrado con una quinceañera y la solución para que no vaya preso era el que se casara con ella y por supuesto él no aceptó, así que no le quedó otra que salir corriendo del pueblo.
Lo que muy pocos supieron fue que su idilio con esa chibola se descubrió porque fue Carlos, en complicidad nuestra, quien envió una carta a sus padres de Ana María contándoles todo. Él había estado enamorado de ella y no pudo soportar que un viejo se la haya robado.
Don Ismael y su esposa doña Rosa, llegaron una tarde a la casa de Ignacio y los descubrieron en pleno acto amatorio. Por poco y provocamos una desgracia, pero al final no hubo ninguna muerte, pues Don Ismael quería cobrar esa afrenta con sangre. Después de esos hechos no volvimos a ver a Ana, pues supinos que sus padres la enviaron a Valle Hermoso con unos tíos que se mudaron a la capital Valle Grande. ¿Qué habrá sido de ella? ¿Qué habrá sido de Carlos?, pues una vez que terminamos el colegio él se fue del pueblo, Algunos nos dijeron que fue detrás de Ana, pero hay quienes dicen que simplemente quiso desaparecer y al parecer lo logró.
Qué habrá sido también de Jorge y Luis. Ellos querían estudiar una carrera, querían ser algo diferente a sus padres que toda su vida fueron agricultores. Siempre decían que merecían algo mejor. Por ello decidieron abandonar el pueblo. Hace unos años supe que Jorge logró ser médico, pero nunca regresó a Valle Hermoso. Ah! Los amigos ya no están, sólo están las penas y la soledad.
Ahora mi mente da un salto brusco y de repente me veo sentado a la mesa con mi esposa Amanda y mis dos hijos mayores, Fernando y José. Ellos aún son niños y el más pequeñín me mira y me dice: Sabes qué papá, te quiero mucho y me sonríe. El ver su rostro resplandeciente me da tranquilidad. Me quedo contemplándolo por un largo rato, hasta que Amanda me mueve del brazo y me dice: come que se está enfriando su cena.
La miro fijamente y me llevó una cucharada de arroz a la boca.
Ya cuando estamos en la cama, la abrazo y le pregunto al oído: ¿He sido bueno contigo? ¿He sido buen padre? ¿He sido un buen esposo?. Ella me mira fijamente y con ternura en los ojos me dice, todos somos buenos en la medida que podemos, y sí eres buen esposo, buen padre y eres bueno conmigo. Luego hicimos el amor y fue una explosión de emociones que nunca había experimentado y que me hicieron sentir un hombre completo. Sabía que mis hijos me querían, que mi esposa me amaba y que no le había dado una mala vida. No había nada más que pedir. Sabía que ellos ya eran todos unos hombres y que eran buenos. Sabía que les había dado un buen ejemplo, pero también sabía que estaba viejo y muy cansado. Ahora debía dormir y tomarme un largo y prolongado descanso, aquí bajo el Algarrobo, el que sembré cuando chico y ví crecer. Ahora me sirve de descanso, sus ramas evitan que el sol me dé en la cara, pues sabe me molesta. Sabe que me abriga y en este momento me conforta. Ahora debo despedirme de todos y seguir mi camino.
Brevemente abro mis ojos y los veo a todos rodeándome, me miran serenos y mi esposa con su encanecido pelo me toma de la mano y me dice: Nos veremos pronto, ahora descansa, y así lo hago. Cierro lo ojos y me quedo profundamente dormido.
Todos me miraron, pero nadie me dijo nada. Pensé en ese momento que notaron mi cansancio y que por ello nadie me increpó nada. ¡A quién le importa lo que puedan pensar!, dije en silencio y me senté con cierta dificultad. Me dolían las rodillas y la cintura de tanto estar inclinado palaneando la tierra.
Me recosté en el tronco y simplemente cerré mis ojos. En ese momento pensaba en todo lo que me dolía y decidí no dedicar tanto tiempo a esos males, así que busqué entre mis recuerdo los momentos más felices que había vivido hasta el momento.
Por un instante me ví corriendo de niño por el campo detrás de mi madre quien iba junto a mi hermano mayor al pueblo a comprar. Valle Hermoso quedaba muy lejos de Las Lomas y ella no quería llevarme pues sabía que al final iba a terminar cargándome y el pobre de mi hermano sería el que más sufriría, pues tendría que echar al hombro todas las compras hechas. Al final me quedé sentado llorando y gritándole a mi pobre madre que era una mala.
Estaba relajado y continué recordando. Esta vez ya había terminando el colegio. Ví viejos amigos, de quienes no sabía nada desde hacía mucho tiempo. Recordé a Carlos, Jorge y Luis, la pandilla que era inseparable en esos tiempos. Recordé a Ignacio, ese pata era todo un caso. Tenía unos sesenta años de edad y era recontra que enamorador. Una vez desapareció del pueblo pues se había involucrado con una quinceañera y la solución para que no vaya preso era el que se casara con ella y por supuesto él no aceptó, así que no le quedó otra que salir corriendo del pueblo.
Lo que muy pocos supieron fue que su idilio con esa chibola se descubrió porque fue Carlos, en complicidad nuestra, quien envió una carta a sus padres de Ana María contándoles todo. Él había estado enamorado de ella y no pudo soportar que un viejo se la haya robado.
Don Ismael y su esposa doña Rosa, llegaron una tarde a la casa de Ignacio y los descubrieron en pleno acto amatorio. Por poco y provocamos una desgracia, pero al final no hubo ninguna muerte, pues Don Ismael quería cobrar esa afrenta con sangre. Después de esos hechos no volvimos a ver a Ana, pues supinos que sus padres la enviaron a Valle Hermoso con unos tíos que se mudaron a la capital Valle Grande. ¿Qué habrá sido de ella? ¿Qué habrá sido de Carlos?, pues una vez que terminamos el colegio él se fue del pueblo, Algunos nos dijeron que fue detrás de Ana, pero hay quienes dicen que simplemente quiso desaparecer y al parecer lo logró.
Qué habrá sido también de Jorge y Luis. Ellos querían estudiar una carrera, querían ser algo diferente a sus padres que toda su vida fueron agricultores. Siempre decían que merecían algo mejor. Por ello decidieron abandonar el pueblo. Hace unos años supe que Jorge logró ser médico, pero nunca regresó a Valle Hermoso. Ah! Los amigos ya no están, sólo están las penas y la soledad.
Ahora mi mente da un salto brusco y de repente me veo sentado a la mesa con mi esposa Amanda y mis dos hijos mayores, Fernando y José. Ellos aún son niños y el más pequeñín me mira y me dice: Sabes qué papá, te quiero mucho y me sonríe. El ver su rostro resplandeciente me da tranquilidad. Me quedo contemplándolo por un largo rato, hasta que Amanda me mueve del brazo y me dice: come que se está enfriando su cena.
La miro fijamente y me llevó una cucharada de arroz a la boca.
Ya cuando estamos en la cama, la abrazo y le pregunto al oído: ¿He sido bueno contigo? ¿He sido buen padre? ¿He sido un buen esposo?. Ella me mira fijamente y con ternura en los ojos me dice, todos somos buenos en la medida que podemos, y sí eres buen esposo, buen padre y eres bueno conmigo. Luego hicimos el amor y fue una explosión de emociones que nunca había experimentado y que me hicieron sentir un hombre completo. Sabía que mis hijos me querían, que mi esposa me amaba y que no le había dado una mala vida. No había nada más que pedir. Sabía que ellos ya eran todos unos hombres y que eran buenos. Sabía que les había dado un buen ejemplo, pero también sabía que estaba viejo y muy cansado. Ahora debía dormir y tomarme un largo y prolongado descanso, aquí bajo el Algarrobo, el que sembré cuando chico y ví crecer. Ahora me sirve de descanso, sus ramas evitan que el sol me dé en la cara, pues sabe me molesta. Sabe que me abriga y en este momento me conforta. Ahora debo despedirme de todos y seguir mi camino.
Brevemente abro mis ojos y los veo a todos rodeándome, me miran serenos y mi esposa con su encanecido pelo me toma de la mano y me dice: Nos veremos pronto, ahora descansa, y así lo hago. Cierro lo ojos y me quedo profundamente dormido.
viernes, 24 de octubre de 2008
La encrucijada
Era de tarde, cuando Ismael caminaba por el campo con dirección a su casa en el caserío Pan de Azúcar. Era un hombre joven, de temperamento fuerte y decidido, pero esta vez su voluntad fue quebrantada. Al llegar a una encrucijada, por primera vez en su vida se sentía desorientado. No sabía cual de los caminos tomar, pues por más que intentaba reconocer el lugar no podía hacerlo.
Había frondosos árboles en lugares donde nunca los hubieron y era la primera vez que los caminos estaban empedrados, pues los que él estaba acostumbrado a caminar eran de tierra. No entendía lo que sucedía, así que decidió sentarse y meditar sobre lo que debía hacer en ese momento.
Ismael sabía que debía llegar a casa antes de las seis de la tarde, pues existía la leyenda que en ese lugar cada 20 años, alguien se perdía por tomar el camino equivocado a casa. Por un momento el miedo lo embargó, pues recordó que justo hacía 20 años, su tío Ernesto, hermano de su madre, se había perdido justo en esa encrucijada. A su mente le vino a la memoria lo que el brujo del pueblo le dijo: “Tú y toda tu familia está marcada por el infortunio y de cada generación el diablo cobrará la vida de uno de ellos”.
El miedo le ganaba cada vez y manos y piernas comenzaron a temblarle. Comenzó a escuchar voces que le hablaban al oído y sintió un frío que recorría toda su espalda. Rayos –dijo- esto no puede estar sucediéndome, y se incorporó con rapidez. Miró en todas las direcciones y sólo vio árboles, a su alrededor y delante suyo los caminos empedrados que lo invitaban a seguir su viaje. Estuvo tentado a tomar uno de ellos, pero luego recobró la serenidad y decidió emprender el camino de regreso a la ciudad, pues no quería tomar ningún riesgo. No era supersticioso, pero tampoco un tonto y siempre decía que las tradiciones de sus abuelos, algo de verdad tenían.
Ya iban a ser la seis de la tarde, así que empezó caminar. No encontraba a nadie en el trayecto, lo que resultaba raro, pues había casas cada cien metros. No había animales, pese a que la mayoría de ellos eran ganaderos, no había ruido pese a que estaba en el campo y no había aves ni animales silvestres. Nuevamente el miedo lo embargó y paralizó. Con mucho esfuerzo pudo mover sus piernas y él mismo se daba fuerzas para seguir andando. Tenía miedo y le faltaba poco para montar en pánico. Se decía asimismo: Sé fuerte y sigue adelante, pero a cada paso que daba, parecía que el camino se hiciera más largo.
No puede ser que me demore tanto en llegar a la ciudad, decía sorprendido, pues sólo era media hora de camino hasta Oyotún. Ya debía haber llegado. ¿Qué está pasando? Se preguntaba, mientras procuraba aumentar el paso. De pronto, vio que una persona se le acercaba presurosa. Era un hombre, quizá un poco más joven que él y sin darle tiempo a nada le dijo que caminara más rápido, que debían llegar a los árboles lo más pronto posible, que los estaban siguiendo. Asustado por esas palabras, aceleró el paso, pero una vez que llegaron a los árboles, el hombre que se le había cercado desapareció.
Desesperado por todo lo que estaba pasando, continuó caminando y pensando que al atravesar el bosque llegaría a la ciudad y continuó su marcha. Luego de unos minutos, vio un pequeño sendero y corrió hacia él, pero al llegar quedó completamente paralizado. No se había movido a ningún lado, pues había llegado a la misma encrucijada de donde había partido. Sintió que estaba perdido.
Se sentó sobre una piedra y juntó sus manos en un vano intento por rezar. De la encrucijada comenzaron a aparecer unas personas, con atuendos poco conocidos para él. Unos eran un tanto viejos y fuera de moda y otros les hicieron recordar la ropa que usaba su abuelita cuando joven, durante los años 20. No entendía lo que pasaba. El hombre que se le acercó para alertarlo de lo que se venía lo tomó del hombro y le dijo que lo siguiera, que lo estaban esperando del otro lado.
Ismael quiso resistirse, pero no lo logró. Sintió la obligación de seguirlo, que era lo correcto y así lo hizo. Luego miró hacia atrás y pudo ver su casa, a su madre que le decía al resto de sus hermanos que ya estaba por llegar y que a su llegada serviría la cena. Vio a su novia que le escribía una carta y pudo verse él atravesando un portal hacia lo desconocido.
Había frondosos árboles en lugares donde nunca los hubieron y era la primera vez que los caminos estaban empedrados, pues los que él estaba acostumbrado a caminar eran de tierra. No entendía lo que sucedía, así que decidió sentarse y meditar sobre lo que debía hacer en ese momento.
Ismael sabía que debía llegar a casa antes de las seis de la tarde, pues existía la leyenda que en ese lugar cada 20 años, alguien se perdía por tomar el camino equivocado a casa. Por un momento el miedo lo embargó, pues recordó que justo hacía 20 años, su tío Ernesto, hermano de su madre, se había perdido justo en esa encrucijada. A su mente le vino a la memoria lo que el brujo del pueblo le dijo: “Tú y toda tu familia está marcada por el infortunio y de cada generación el diablo cobrará la vida de uno de ellos”.
El miedo le ganaba cada vez y manos y piernas comenzaron a temblarle. Comenzó a escuchar voces que le hablaban al oído y sintió un frío que recorría toda su espalda. Rayos –dijo- esto no puede estar sucediéndome, y se incorporó con rapidez. Miró en todas las direcciones y sólo vio árboles, a su alrededor y delante suyo los caminos empedrados que lo invitaban a seguir su viaje. Estuvo tentado a tomar uno de ellos, pero luego recobró la serenidad y decidió emprender el camino de regreso a la ciudad, pues no quería tomar ningún riesgo. No era supersticioso, pero tampoco un tonto y siempre decía que las tradiciones de sus abuelos, algo de verdad tenían.
Ya iban a ser la seis de la tarde, así que empezó caminar. No encontraba a nadie en el trayecto, lo que resultaba raro, pues había casas cada cien metros. No había animales, pese a que la mayoría de ellos eran ganaderos, no había ruido pese a que estaba en el campo y no había aves ni animales silvestres. Nuevamente el miedo lo embargó y paralizó. Con mucho esfuerzo pudo mover sus piernas y él mismo se daba fuerzas para seguir andando. Tenía miedo y le faltaba poco para montar en pánico. Se decía asimismo: Sé fuerte y sigue adelante, pero a cada paso que daba, parecía que el camino se hiciera más largo.
No puede ser que me demore tanto en llegar a la ciudad, decía sorprendido, pues sólo era media hora de camino hasta Oyotún. Ya debía haber llegado. ¿Qué está pasando? Se preguntaba, mientras procuraba aumentar el paso. De pronto, vio que una persona se le acercaba presurosa. Era un hombre, quizá un poco más joven que él y sin darle tiempo a nada le dijo que caminara más rápido, que debían llegar a los árboles lo más pronto posible, que los estaban siguiendo. Asustado por esas palabras, aceleró el paso, pero una vez que llegaron a los árboles, el hombre que se le había cercado desapareció.
Desesperado por todo lo que estaba pasando, continuó caminando y pensando que al atravesar el bosque llegaría a la ciudad y continuó su marcha. Luego de unos minutos, vio un pequeño sendero y corrió hacia él, pero al llegar quedó completamente paralizado. No se había movido a ningún lado, pues había llegado a la misma encrucijada de donde había partido. Sintió que estaba perdido.
Se sentó sobre una piedra y juntó sus manos en un vano intento por rezar. De la encrucijada comenzaron a aparecer unas personas, con atuendos poco conocidos para él. Unos eran un tanto viejos y fuera de moda y otros les hicieron recordar la ropa que usaba su abuelita cuando joven, durante los años 20. No entendía lo que pasaba. El hombre que se le acercó para alertarlo de lo que se venía lo tomó del hombro y le dijo que lo siguiera, que lo estaban esperando del otro lado.
Ismael quiso resistirse, pero no lo logró. Sintió la obligación de seguirlo, que era lo correcto y así lo hizo. Luego miró hacia atrás y pudo ver su casa, a su madre que le decía al resto de sus hermanos que ya estaba por llegar y que a su llegada serviría la cena. Vio a su novia que le escribía una carta y pudo verse él atravesando un portal hacia lo desconocido.
El aula nueva
Son las seis de la mañana. Hora de levantarse y de ir a trabajar. Qué flojera el tener que dejar tu cama, en donde te sientes tan confortable, pues el frío de la mañana es intenso y te invita a quedarte en cama. Pero así quieras hacerlo, debes levantarte. Primero te estiras y te desperezas, luego con el dolor de tu alma tiras la colcha con la que te abrigaste toda la noche a un lado y sales de la cama. Sientes un frío que te invade y te terminas de despertar.
En ese momento piensas, hay que ir a trabajar. ¡Qué lata!. ¡Quién habrá inventado el trabajo!, pero sigues la misma rutina de siempre. Te pones las habituales sandalias y te diriges al baño, que para colmo de males se encuentra ocupado y debes esperar. El tiempo pasa y te comienzas a impacientar hasta el punto que gritas: ”Mariana avanza que ya es tarde”, y Mariana sale del baño con toda la paciencia del mundo y se dirige a cambiarse para ir a trabajar, mientras que tú, toda apurada tienes que bañarte, tomar desayuno y alistarte para salir a tu centro de trabajo.
Vuelves a pensar, ¿Quién habrá sido el ocioso que inventó el trabajo”, y sales de tu casa para dirigirte a trabajar. Felizmente al llegar al paradero de combis, encuentras uno que te llevaba y te deja casi en la puerta del colegio en donde trabajas. Ya en la puerta del plantel, ves que hay algo raro en el patio. Hay un estrado que no dejaste al día siguiente. De repente eres sorprendida por una de tus alumnas que te dice: “Buenos días miss Karina”, y piensas, “con las justas cuando termine la primaria sabrá medio leer y ya quiere hablar inglés; pero pese a todo le devuelves el saludo con una sonrisa a flor de labio. La pequeña te toma de la mano y te lleva al salón de clases y todos tus alumnos cuando te ven entrar te dan un fuerte: Buenos días miss Karina. Te sorprendes al ingresar y encontrar un aula completamente pintada de verde, pues la anterior pintura estaba toda de colorada y las paredes lucían sucias. Colgados hay cuadros con las fotos de los héroes nacionales y un mapa del Perú ha sido pintado en la pared del fondo. Miras con estupor tan radical cambio de esa aula vieja, por una remozada. Te llenas de alegría y observas todo con atención, mientras tus alumnos te admiran caminar por los pasillos del aula. Ellos al igual que tú fueron sorprendidos con tan grato regalo y comparten tu alegría.
Luego alguien toca la puerta y te saca de ese sueño en el que habías caído. Volteas atenta a ver quién es y ves a un grupo de padres de familia, que inmediatamente te pide permiso para ingresar, y les das un sí asentando con la cabeza. Uno de ellos, llamado Pedro, te da la mano y te dice que no te sorprendas por el cambio del aula, pues simplemente se trataba de un trabajo de los padres para compensar en algo todo el esfuerzo que haces por enseñar cosas buenas a sus hijos.
Recién en ese momento comenzaste a entender lo que sucedía y por un instante te viste obligada a controlarte pues casi derramas unas lágrimas. Nunca pensaste que los padres de tus alumnos, realmente entendieran el sacrificio que a diario hacías por sus hijos. Te conmovió. Les distes la mano a cada uno de ellos, pues sacrificaron toda una noche y madrugada para poder terminar sólo en horas, el trabajo que a veces se hace en semanas. Ellos también sacrificaron algo en retribución a todo tu esfuerzo. Esa vez la lección la dieron ellos y tú fuiste la alumna.
En ese momento piensas, hay que ir a trabajar. ¡Qué lata!. ¡Quién habrá inventado el trabajo!, pero sigues la misma rutina de siempre. Te pones las habituales sandalias y te diriges al baño, que para colmo de males se encuentra ocupado y debes esperar. El tiempo pasa y te comienzas a impacientar hasta el punto que gritas: ”Mariana avanza que ya es tarde”, y Mariana sale del baño con toda la paciencia del mundo y se dirige a cambiarse para ir a trabajar, mientras que tú, toda apurada tienes que bañarte, tomar desayuno y alistarte para salir a tu centro de trabajo.
Vuelves a pensar, ¿Quién habrá sido el ocioso que inventó el trabajo”, y sales de tu casa para dirigirte a trabajar. Felizmente al llegar al paradero de combis, encuentras uno que te llevaba y te deja casi en la puerta del colegio en donde trabajas. Ya en la puerta del plantel, ves que hay algo raro en el patio. Hay un estrado que no dejaste al día siguiente. De repente eres sorprendida por una de tus alumnas que te dice: “Buenos días miss Karina”, y piensas, “con las justas cuando termine la primaria sabrá medio leer y ya quiere hablar inglés; pero pese a todo le devuelves el saludo con una sonrisa a flor de labio. La pequeña te toma de la mano y te lleva al salón de clases y todos tus alumnos cuando te ven entrar te dan un fuerte: Buenos días miss Karina. Te sorprendes al ingresar y encontrar un aula completamente pintada de verde, pues la anterior pintura estaba toda de colorada y las paredes lucían sucias. Colgados hay cuadros con las fotos de los héroes nacionales y un mapa del Perú ha sido pintado en la pared del fondo. Miras con estupor tan radical cambio de esa aula vieja, por una remozada. Te llenas de alegría y observas todo con atención, mientras tus alumnos te admiran caminar por los pasillos del aula. Ellos al igual que tú fueron sorprendidos con tan grato regalo y comparten tu alegría.
Luego alguien toca la puerta y te saca de ese sueño en el que habías caído. Volteas atenta a ver quién es y ves a un grupo de padres de familia, que inmediatamente te pide permiso para ingresar, y les das un sí asentando con la cabeza. Uno de ellos, llamado Pedro, te da la mano y te dice que no te sorprendas por el cambio del aula, pues simplemente se trataba de un trabajo de los padres para compensar en algo todo el esfuerzo que haces por enseñar cosas buenas a sus hijos.
Recién en ese momento comenzaste a entender lo que sucedía y por un instante te viste obligada a controlarte pues casi derramas unas lágrimas. Nunca pensaste que los padres de tus alumnos, realmente entendieran el sacrificio que a diario hacías por sus hijos. Te conmovió. Les distes la mano a cada uno de ellos, pues sacrificaron toda una noche y madrugada para poder terminar sólo en horas, el trabajo que a veces se hace en semanas. Ellos también sacrificaron algo en retribución a todo tu esfuerzo. Esa vez la lección la dieron ellos y tú fuiste la alumna.
viernes, 14 de marzo de 2008
Digo que no puede decirse el amor
Digo que no puede decirse el amor.
El amor se come como un pan,
se muerde como un labio,
se bebe como un manantial.
El amor se llora como a un muerto,
se goza como un disfraz.
El amor duele como un callo,
aturde como un panal,
y es sabroso como la uva de cera
y como la vida es mortal.
El amor no se dice con nada,
ni con palabras ni con callar.
Trata de decirlo el aire
y lo está ensayando el mar.
Pero el amante lo tiene prendido,
untado en la sangre lunar,
y el amor es igual que una brasa
y una espiga de sal.
La mano de un manco lo puede tocar,
la lengua de un mudo, los ojos de un ciego,
decir y mirar.
El amor no tiene remedio
y sólo quiere jugar.
(El que lo escribió tiene mucho de razón)
El amor se come como un pan,
se muerde como un labio,
se bebe como un manantial.
El amor se llora como a un muerto,
se goza como un disfraz.
El amor duele como un callo,
aturde como un panal,
y es sabroso como la uva de cera
y como la vida es mortal.
El amor no se dice con nada,
ni con palabras ni con callar.
Trata de decirlo el aire
y lo está ensayando el mar.
Pero el amante lo tiene prendido,
untado en la sangre lunar,
y el amor es igual que una brasa
y una espiga de sal.
La mano de un manco lo puede tocar,
la lengua de un mudo, los ojos de un ciego,
decir y mirar.
El amor no tiene remedio
y sólo quiere jugar.
(El que lo escribió tiene mucho de razón)
BUSCATE UN AMANTE
Muchas personas tienen un amante y otras quisieran
tenerlo.
Y también están las que no lo tienen, o las que lo
tenían y lo perdieron.
Y son generalmente estas dos últimas, las que vienen a
mi consultorio para decirme que están tristes o que
tienen distintos síntomas como insomnio, falta de
voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los mas
diversos dolores.
Me cuentan que sus vidas transcurren de manera
monótona y sin expectativas, que trabajan nada mas que
para subsistir y que no saben en que ocupar su tiempo
libre. En fin, palabras mas, palabras menos, están
verdaderamente desesperanzadas.
Antes de contarme esto ya habían visitado otros
consultorios en los que recibieron la condolencia de
un diagnostico seguro:
"Depresión" y la infaltable receta del antidepresivo
de turno.
Si yo he llegado a conocer a estas personas es porque
obviamente, no mejoraron y vinieron a verme buscando
soluciones a su rosario de dolencias. Entonces,
después de que las escucho atentamente, les digo que
no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente
necesitan, es un amante!
Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando
reciben mi veredicto.
Están las que piensan: ¿Cómo es posible que un
profesional se despache alegremente con una sugerencia
tan poco científica?
Y también están las que escandalizadas se despiden y
no vuelven nunca mas.
A las que deciden quedarse y no salen espantadas por
el consejo, les doy la siguiente DEFINICIÓN:
Amante es: "Lo que nos apasiona". Lo que ocupa
nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y es
también quien a veces, no nos deja dormir. Nuestro
amante es lo que nos vuelve distraídos frente al
entorno. Lo que nos deja saber que la vida tiene
motivación y sentido.
A veces a nuestro amante lo encontramos en nuestra
pareja, en otros casos en alguien que no es nuestra
pareja. También solemos hallarlo en la investigación
científica, en la literatura, en la música, en la
política, en el deporte, en el trabajo cuando es
vocacional, en la necesidad de trascender
espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en
el estudio, o en el obsesivo placer de un hobby...
En fin, es "alguien" o "algo" que nos pone de "novio
con la vida" y nos aparta del triste destino de durar.
Y que es durar? - Durar es tener miedo a vivir.
Es dedicarse a espiar como viven los demás es tomarse
la presión, deambular por consultorios médicos, tomar
remedios multicolores, alejarse de las
gratificaciones, observar con decepción cada nueva
arruga que nos devuelve el espejo, cuidarnos del frío,
del calor, de la humedad, del sol y de la lluvia.
Durar es postergar la posibilidad de disfrutar hoy,
esgrimiendo el incierto y frágil razonamiento de que
quizás podamos hacerlo mañana.
Termino este relato con sugerencia, mas que una
sugerencia; una súplica: Por favor no te empeñes en
durar, búscate un amante, se vos también un amante y
un protagonista.... de la vida. Piensa que lo trágico
no es morir, al fin y al cabo la muerte tiene buena
memoria y nunca se olvido de nadie. Lo trágico, es no
animarse a vivir; mientras tanto y sin dudar, búscate
un amante......
La Psicología después de estudiar mucho sobre el tema
descubrió algo trascendental: "Para estar contento,
activo y sentirse feliz, hay que estar de novio con la
vida".
Y tu... ¿ya tienes el tuyo?
(No es mío, pero es bueno)
tenerlo.
Y también están las que no lo tienen, o las que lo
tenían y lo perdieron.
Y son generalmente estas dos últimas, las que vienen a
mi consultorio para decirme que están tristes o que
tienen distintos síntomas como insomnio, falta de
voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los mas
diversos dolores.
Me cuentan que sus vidas transcurren de manera
monótona y sin expectativas, que trabajan nada mas que
para subsistir y que no saben en que ocupar su tiempo
libre. En fin, palabras mas, palabras menos, están
verdaderamente desesperanzadas.
Antes de contarme esto ya habían visitado otros
consultorios en los que recibieron la condolencia de
un diagnostico seguro:
"Depresión" y la infaltable receta del antidepresivo
de turno.
Si yo he llegado a conocer a estas personas es porque
obviamente, no mejoraron y vinieron a verme buscando
soluciones a su rosario de dolencias. Entonces,
después de que las escucho atentamente, les digo que
no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente
necesitan, es un amante!
Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando
reciben mi veredicto.
Están las que piensan: ¿Cómo es posible que un
profesional se despache alegremente con una sugerencia
tan poco científica?
Y también están las que escandalizadas se despiden y
no vuelven nunca mas.
A las que deciden quedarse y no salen espantadas por
el consejo, les doy la siguiente DEFINICIÓN:
Amante es: "Lo que nos apasiona". Lo que ocupa
nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y es
también quien a veces, no nos deja dormir. Nuestro
amante es lo que nos vuelve distraídos frente al
entorno. Lo que nos deja saber que la vida tiene
motivación y sentido.
A veces a nuestro amante lo encontramos en nuestra
pareja, en otros casos en alguien que no es nuestra
pareja. También solemos hallarlo en la investigación
científica, en la literatura, en la música, en la
política, en el deporte, en el trabajo cuando es
vocacional, en la necesidad de trascender
espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en
el estudio, o en el obsesivo placer de un hobby...
En fin, es "alguien" o "algo" que nos pone de "novio
con la vida" y nos aparta del triste destino de durar.
Y que es durar? - Durar es tener miedo a vivir.
Es dedicarse a espiar como viven los demás es tomarse
la presión, deambular por consultorios médicos, tomar
remedios multicolores, alejarse de las
gratificaciones, observar con decepción cada nueva
arruga que nos devuelve el espejo, cuidarnos del frío,
del calor, de la humedad, del sol y de la lluvia.
Durar es postergar la posibilidad de disfrutar hoy,
esgrimiendo el incierto y frágil razonamiento de que
quizás podamos hacerlo mañana.
Termino este relato con sugerencia, mas que una
sugerencia; una súplica: Por favor no te empeñes en
durar, búscate un amante, se vos también un amante y
un protagonista.... de la vida. Piensa que lo trágico
no es morir, al fin y al cabo la muerte tiene buena
memoria y nunca se olvido de nadie. Lo trágico, es no
animarse a vivir; mientras tanto y sin dudar, búscate
un amante......
La Psicología después de estudiar mucho sobre el tema
descubrió algo trascendental: "Para estar contento,
activo y sentirse feliz, hay que estar de novio con la
vida".
Y tu... ¿ya tienes el tuyo?
(No es mío, pero es bueno)
sábado, 9 de febrero de 2008
¿Cuántas veces pude amar un ser humano?
¿Cuántas veces un ser humano puede amar de verdad? ¿Lo sabes? Qué pregunta tan difícil de responder. ¿A caso alguien tendrán la respuesta? No lo sé, pero conversando con un viejo amigo, me contaba que durante toda su vida solo había amado de verdad una sola vez.
Me dijo que tuvo un sinnúmero de enamoramientos, los cuales disfrutó al máximo y a hora los guarda como gratos recuerdos. Le pregunté ¿cuál había sido ese verdadero amor? Y su respuesta fue tan sorpresiva que en ese momento no supe como reaccionar, perdí el habla por varios minutos. Su respuesta fue: Noelia. Se trataba nada más y nada menos que de mi esposa. Por un instante quise poseer un arma y matarlo en ese mismo instante por tan semejante osadía, pero luego volví a escuchar su voz y sólo pude entender que decía que ese era un amor imposible.
En ese instante no quería entrar en razones, sólo quería agarrarlo a golpes pues por mi mente (muy volátil por cierto) pasó la imagen de ese pata enamorando a mi esposa y no lo podía soportar. Creo que el peje intuyó que quería hacer, que inmediatamente intentó tranquilizarme diciéndome que nunca pasó nada entre Noelia y él, y que siempre estuvo enamorada de ella, incluso antes de que me conociera. Pero que simplemente ella nunca le hizo caso y siempre lo quiso como un amigo.
El muy sinvergüenza intentaba tranquilizarme de esa manera, pero no lo lograba. Sabía que estaba ardido y que una si seguía hablando iba a estallar y desataba Troya. Continuó hablando y se disculpó el comentario, pero me dijo que era un secreto que no podía seguir guardando, pues pese a estar felizmente casado –según él- siempre quiso tener una oportunidad con Noelia. Intentando controlar mi furia le dije que por esa vez le iba a pasar un comentario de esa naturaleza, pero que si volvía a tocar el tema y atendría a las consecuencia.
Me abrazó fuerte y me dijo: tú no sabes que es amar intensamente a una persona y no poder abrazarla, besarla y brindarle las caricias que deseas. Es una tortura que te carcome y va dejando una serie de vacíos que luego no sabes como llenar. Lo escuché por unos minutos y luego empecé a entenderlo, pues mucho tiempo atrás me sentí igual. Conocí a una joven de la cual quedé perdidamente enamorado y a veces cuando veo su foto recuerdo cuanto la quise y también cuanto lloré por ella, cuando se fue.
La amaba con locura. Fue mi primer amor, pero ese amor nunca fue correspondido. La quise como nunca nadie ha querido a ser humano y ella lo sabía, pero me dijo que no podía corresponder a ese intenso querer pues su corazón pertenecía a otro. Los años pasaron y nos alejamos, y desde ese entonces no he vuelto a saber nada de ella. Sólo una vez que la vi pasar en un auto y ella me saludó. Sonreía al verme y sacó medio cuerpo del auto para gritar mi nombre y alzarme la mano. Sentí en ese momento que mi corazón latía a mil por hora y la vieja emoción que había creído desaparecida afloró nuevamente. Me sentí feliz de verla aunque sea por un instante y supe que aún la quería. Por eso ahora lo entiendo. Lo único que espero es que esas heridas logren cerrar por completo. Las mías sangran poco, pero siguen sangrando. Las de él me da la impresión que nunca sanarán.
Me dijo que tuvo un sinnúmero de enamoramientos, los cuales disfrutó al máximo y a hora los guarda como gratos recuerdos. Le pregunté ¿cuál había sido ese verdadero amor? Y su respuesta fue tan sorpresiva que en ese momento no supe como reaccionar, perdí el habla por varios minutos. Su respuesta fue: Noelia. Se trataba nada más y nada menos que de mi esposa. Por un instante quise poseer un arma y matarlo en ese mismo instante por tan semejante osadía, pero luego volví a escuchar su voz y sólo pude entender que decía que ese era un amor imposible.
En ese instante no quería entrar en razones, sólo quería agarrarlo a golpes pues por mi mente (muy volátil por cierto) pasó la imagen de ese pata enamorando a mi esposa y no lo podía soportar. Creo que el peje intuyó que quería hacer, que inmediatamente intentó tranquilizarme diciéndome que nunca pasó nada entre Noelia y él, y que siempre estuvo enamorada de ella, incluso antes de que me conociera. Pero que simplemente ella nunca le hizo caso y siempre lo quiso como un amigo.
El muy sinvergüenza intentaba tranquilizarme de esa manera, pero no lo lograba. Sabía que estaba ardido y que una si seguía hablando iba a estallar y desataba Troya. Continuó hablando y se disculpó el comentario, pero me dijo que era un secreto que no podía seguir guardando, pues pese a estar felizmente casado –según él- siempre quiso tener una oportunidad con Noelia. Intentando controlar mi furia le dije que por esa vez le iba a pasar un comentario de esa naturaleza, pero que si volvía a tocar el tema y atendría a las consecuencia.
Me abrazó fuerte y me dijo: tú no sabes que es amar intensamente a una persona y no poder abrazarla, besarla y brindarle las caricias que deseas. Es una tortura que te carcome y va dejando una serie de vacíos que luego no sabes como llenar. Lo escuché por unos minutos y luego empecé a entenderlo, pues mucho tiempo atrás me sentí igual. Conocí a una joven de la cual quedé perdidamente enamorado y a veces cuando veo su foto recuerdo cuanto la quise y también cuanto lloré por ella, cuando se fue.
La amaba con locura. Fue mi primer amor, pero ese amor nunca fue correspondido. La quise como nunca nadie ha querido a ser humano y ella lo sabía, pero me dijo que no podía corresponder a ese intenso querer pues su corazón pertenecía a otro. Los años pasaron y nos alejamos, y desde ese entonces no he vuelto a saber nada de ella. Sólo una vez que la vi pasar en un auto y ella me saludó. Sonreía al verme y sacó medio cuerpo del auto para gritar mi nombre y alzarme la mano. Sentí en ese momento que mi corazón latía a mil por hora y la vieja emoción que había creído desaparecida afloró nuevamente. Me sentí feliz de verla aunque sea por un instante y supe que aún la quería. Por eso ahora lo entiendo. Lo único que espero es que esas heridas logren cerrar por completo. Las mías sangran poco, pero siguen sangrando. Las de él me da la impresión que nunca sanarán.
martes, 29 de enero de 2008
EL BESO
Con candoroso embeleso
y rebosando de alegría
me pides morena mia
que te diga: ¿qué es un beso?
Un beso es el eco suave
de un canto, que más que canto
es un himno sacrosanto
que imitar no puede el ave.
Un beso es el dulce idioma
con que se hablan dos corazones,
que mezclan sus impresiones
como las flores su aroma.
Un beso es... No seas loca...
¿porquë me preguntas eso?
¡junta tu boca a mi boca
y sabras lo que es un beso!
POEMA DE FEDERICO BARRETO
y rebosando de alegría
me pides morena mia
que te diga: ¿qué es un beso?
Un beso es el eco suave
de un canto, que más que canto
es un himno sacrosanto
que imitar no puede el ave.
Un beso es el dulce idioma
con que se hablan dos corazones,
que mezclan sus impresiones
como las flores su aroma.
Un beso es... No seas loca...
¿porquë me preguntas eso?
¡junta tu boca a mi boca
y sabras lo que es un beso!
POEMA DE FEDERICO BARRETO
miércoles, 23 de enero de 2008
En el cielo
Hoy el cielo y la tierra
me sonríen,
hoy ha entrado al fondo
de mi alma el sol,
hoy la he visto
la he visto
y me ha mirado,
hoy creo en Dios.
No es mío, pero para la ocasión es el ideal.
(Gustavo Adolfo Becquer)
me sonríen,
hoy ha entrado al fondo
de mi alma el sol,
hoy la he visto
la he visto
y me ha mirado,
hoy creo en Dios.
No es mío, pero para la ocasión es el ideal.
(Gustavo Adolfo Becquer)
sábado, 19 de enero de 2008
Olvidando tu aroma
Hoy desperté oliendo a ti. Queriendo desprenderme de ese aroma que me embriaga, queriendo arrancarme la piel que está impregnada de tu aroma. Quiero desprenderme de ti y continuar mi camino, pero el olor de tu piel aún lo percibo, aún lo siento y eso me atormenta y tú lo sabes.
No sé porqué desperté oliendo a ti. Pero debo decirte que es una experiencia que hubiera querido repetir una y otra vez antes de nuestra separación. Ahora lo que quiero es olvidarte y enfrentar nuevos retos que no me recuerden a ti.
Quiero despertar y creer que todo lo vivido sólo fue un hermoso sueño y no la tortura que me tocó vivir. Recordar como grato el día que nos conocimos. Tú estabas sentada en un banco de la universidad en donde estudiábamos y me acerqué a ti con la excusa de preguntarte en donde se ubicaba la oficina del decanato. Me miraste, creo un segundo y extendiste tu mano hacía una oficina y me dijiste: ahí. Sentí vergüenza en ese momento, pero luego te levantaste y me acompañaste. Cruzamos unas cuantas palabras, pero fueron suficientes para saber que pronto nuestros destinos se cruzarían nuevamente.
Eras una mujer difícil de complacer, pero con el paso de nuestra relación logré descubrir que no se necesitaban grandes cumplidos para hacerte feliz. Te contentabas con una llamada telefónica en la que siempre te preguntaba: ¿Alguna vez te he dicho que te quiero? No, me respondías y casi inmediatamente te replicaba diciéndote: Te quiero. Suspirabas y contenta y satisfecha de saber lo mucho que te quería me decías bye y colgabas.
No sé que nos pasó. ¿Tú lo sabes? Pues por más que pienso y busco en qué fallamos, no encuentro la respuesta.
A veces quiero recodarte lo que te dije cuando por primera vez te revelé el amor que te profesa, pero me rehuso. Sabes que fue sentido y sincero, pues aún recuerdo que lloraste de alegría al saber de mis sentimientos. Por última vez te las recuerdo:
El momento para ser feliz
es ahora
El lugar para ser feliz
es aquí
La forma para ser feliz
es contigo.
Creo que es hora de despedirme de todos esos gratos recuerdos y empezar. Ya no quiero seguir despertando oliendo a ti, pues sufro demasiado y ya no quiero más dolor.
No sé porqué desperté oliendo a ti. Pero debo decirte que es una experiencia que hubiera querido repetir una y otra vez antes de nuestra separación. Ahora lo que quiero es olvidarte y enfrentar nuevos retos que no me recuerden a ti.
Quiero despertar y creer que todo lo vivido sólo fue un hermoso sueño y no la tortura que me tocó vivir. Recordar como grato el día que nos conocimos. Tú estabas sentada en un banco de la universidad en donde estudiábamos y me acerqué a ti con la excusa de preguntarte en donde se ubicaba la oficina del decanato. Me miraste, creo un segundo y extendiste tu mano hacía una oficina y me dijiste: ahí. Sentí vergüenza en ese momento, pero luego te levantaste y me acompañaste. Cruzamos unas cuantas palabras, pero fueron suficientes para saber que pronto nuestros destinos se cruzarían nuevamente.
Eras una mujer difícil de complacer, pero con el paso de nuestra relación logré descubrir que no se necesitaban grandes cumplidos para hacerte feliz. Te contentabas con una llamada telefónica en la que siempre te preguntaba: ¿Alguna vez te he dicho que te quiero? No, me respondías y casi inmediatamente te replicaba diciéndote: Te quiero. Suspirabas y contenta y satisfecha de saber lo mucho que te quería me decías bye y colgabas.
No sé que nos pasó. ¿Tú lo sabes? Pues por más que pienso y busco en qué fallamos, no encuentro la respuesta.
A veces quiero recodarte lo que te dije cuando por primera vez te revelé el amor que te profesa, pero me rehuso. Sabes que fue sentido y sincero, pues aún recuerdo que lloraste de alegría al saber de mis sentimientos. Por última vez te las recuerdo:
El momento para ser feliz
es ahora
El lugar para ser feliz
es aquí
La forma para ser feliz
es contigo.
Creo que es hora de despedirme de todos esos gratos recuerdos y empezar. Ya no quiero seguir despertando oliendo a ti, pues sufro demasiado y ya no quiero más dolor.
viernes, 4 de enero de 2008
Confesiones de una pulga: La derrota
Silvana estaba tendida en su cama llorando. No entendía porqué, pero lloraba como una niña completamente desconsolada. Inesperadamente sonó su teléfono y ella no contestó. Lo dejó timbrar más de una vez, hasta que a la quitan vez respondió y se quedó callada. Se escuchaba la voz de un hombre que le hablaba y le suplicaba le respondiera.. Después de unos segundos por fin Silvana dijo algo: ¡Por qué no te mueres! Déjame en paz y acto seguido colgó el teléfono. Segundos después el fono timbro nuevamente y ella respondió iracunda, pero luego se quedó callada. No era el sujeto que le rogaba, sino una de sus amigas. Le decía que debía estar tranquila que todo debía terminar, que el juego se había salido de las manos y que todo debía terminar. En algo la pequeña Silvana estuvo de acuerdo, el juego se había salido de sus manos, pero no quería que terminara. Quería continuar pues decía había perdido y una derrota con su propio juego no lo podía aceptar.
Recién en ese momento revelaba el nombre del sujeto que la asediaba. Su nombre era Jorge, un tipo que estudiaba en la escuela contigua a la suya y que le había confesado su amor. Ella en realidad no lo quería, pero había apostado con sus amigas que podía llevarlo al máximo de excitación sin tener la necesidad de tener relaciones sexuales. Por muchas semanas tuvo un éxito total, pero no había contado que aparecería una dura competencia y más aún de alguien a la que ella había catalogado como simplemente un híbrido, pero uno que supo sacar provecho de todo el trabajo que ella había hecho con Jorge. Lo había conquistado, lo había calentado y ella misma se encargó de alejarlo con sus frivolidades. Lo peor de todo es que expuso todas sus armas y no tenía como contraatacar. Sus intentos habían sido vanos y había estado llorando porque en el último de sus intentos, confrontó en medio del patio del colegio a Jorge y Cecilia (la mujer que se metió en su camino) y perdió delante de todos.
Cecilia era una mujer que había pasado desapercibida, pero al estar con Jorge todos la comenzaron a ver. Silvana nunca sospechó que su alejamiento progresivo era porque Cecilia le daba lo que el necesitaba, la seducción, el amor que estaba buscando. Pero lo que más le había dolido, era que era “mujer invisible” le haya ganado una partida tan importante. Y más aún que no era una niña bien como ella. Pero en algo si le daba crédito, que la muchacha tenía todo bien puesta en cada parte de su cuerpo.
Durante la confrontación Silvana había exigido a Jorge que elija en ese momento. Él le pidió calma y hablar en otro lado, pero ella muy confiada de ganar, no aceptó. Fue entonces que vino la gran respuesta. Jorge la miró fijamente y le dio la espalda caminando hacia Cecilia. La escojo a ella, luego a brazo a CECI y la besó. Silvana salió corriendo hasta su casa en donde lloró y lloró.
Ahora maquinaba una venganza, pero de la que sus amigas no querían toma parte, así que la dejaron sola, llorando de rabia y también de impotencia. Ahora todos se preguntan qué hará. Simplemente no lo sé, pues volvió el siberiano en donde por fin pude sentirme como en casa.
Recién en ese momento revelaba el nombre del sujeto que la asediaba. Su nombre era Jorge, un tipo que estudiaba en la escuela contigua a la suya y que le había confesado su amor. Ella en realidad no lo quería, pero había apostado con sus amigas que podía llevarlo al máximo de excitación sin tener la necesidad de tener relaciones sexuales. Por muchas semanas tuvo un éxito total, pero no había contado que aparecería una dura competencia y más aún de alguien a la que ella había catalogado como simplemente un híbrido, pero uno que supo sacar provecho de todo el trabajo que ella había hecho con Jorge. Lo había conquistado, lo había calentado y ella misma se encargó de alejarlo con sus frivolidades. Lo peor de todo es que expuso todas sus armas y no tenía como contraatacar. Sus intentos habían sido vanos y había estado llorando porque en el último de sus intentos, confrontó en medio del patio del colegio a Jorge y Cecilia (la mujer que se metió en su camino) y perdió delante de todos.
Cecilia era una mujer que había pasado desapercibida, pero al estar con Jorge todos la comenzaron a ver. Silvana nunca sospechó que su alejamiento progresivo era porque Cecilia le daba lo que el necesitaba, la seducción, el amor que estaba buscando. Pero lo que más le había dolido, era que era “mujer invisible” le haya ganado una partida tan importante. Y más aún que no era una niña bien como ella. Pero en algo si le daba crédito, que la muchacha tenía todo bien puesta en cada parte de su cuerpo.
Durante la confrontación Silvana había exigido a Jorge que elija en ese momento. Él le pidió calma y hablar en otro lado, pero ella muy confiada de ganar, no aceptó. Fue entonces que vino la gran respuesta. Jorge la miró fijamente y le dio la espalda caminando hacia Cecilia. La escojo a ella, luego a brazo a CECI y la besó. Silvana salió corriendo hasta su casa en donde lloró y lloró.
Ahora maquinaba una venganza, pero de la que sus amigas no querían toma parte, así que la dejaron sola, llorando de rabia y también de impotencia. Ahora todos se preguntan qué hará. Simplemente no lo sé, pues volvió el siberiano en donde por fin pude sentirme como en casa.
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