martes, 15 de septiembre de 2015

La misa


Nunca antes había visto un cielo tan limpio y estrellado como el de esa noche. Era un día especial. Era el día de Santa Rosa y estábamos en lo que es parte de su santuario, Quives. El grupo de escolares que fuimos escogidos para ese viaje nos creíamos listos y pensábamos que nadie nos veía o nos encontraría. Qué gran desilusión al saber que siempre estuvimos en la vista de los seminaristas y sacerdotes que nos dictaban las charlas.

Si, aunque no lo crean, fue uno de los más diez alumnos que los curas del colegio en donde estudiáb, eligieron para participar del curso de selección de vocaciones. En este caso era para descubrir si teníamos la vocación de servicio y por ende la sacerdotal. Nunca me gustó la idea de ser cura, pero a mi madre le encantaba. Al final opté por una carrera de servicio como es la del periodismo.

Recuerdo que era 1987 o quizá 88, no lo tengo muy seguro. Pero era el último día de nuestra estadía en el local del seminario de curas vicentinos y nunca nos habían permitido ir a la azotea, desde donde el paisaje era espectacular. Recuerdo que con unos amigos del colegio San Vicente de Ica decidimos escaparnos por la noche para ver de madrugada ese maravilloso paisaje que se nos había negado hasta ese momento.

Esperamos a que todos se durmieran y que se apaguen las luces. Nos escabullimos por las habitaciones y no terminamos hasta llegar al techo. Ahí pudimos ver a dos de los seminaristas que se encontraban conversando recostados sobre uno de los muros. A uno le decían ‘Chuno’ como el perro que los curas criaban. Recuerdo que le dieron ese sobrenombre pues él lo había salvado de morir y desde ese entonces el animal no se separaba de él. El otro era Emilio, un recio hombre que nunca retrocedía y que siempre estaba empujando hacia delante sin percatarse que quizá se hacía daño.

La escena parecía salida de una película. Los dos hombres, estaban en ese momento confirmando su pertenencia a la iglesia Católica Apostólica Romana, aceptaban sus responsabilidades y asumían el trabajo (duro y hasta veces incomprendido) de ser uno de sus representantes. Habían hecho una especie de altar que era iluminado por esa espectacular luna que tenía como fondo un cielo serrano hermosamente decorado por las estrella. Se iniciaba el día de Santa Rosa y creo que habían escogido esa fecha, porque ese día empezaba el fin de la jornada que duró más de diez días.

Ambos hicieron una especie de misa concelebrada y los únicos testigos de ese compromiso que asumieron esa noche fuimos nosotros. Fue una verdadera misa y quizá no vuelva a ver ninguna oficiada con tanto cariño, respeto y especialmente sentida.  Ambos hombres elevaban sus brazos al cielo, pidiendo fuerzas y al mismo tiempo sabiduría para cumplir con ejemplo la misión que se les encomendaría. Por sus rostros corrían lágrimas de emoción y al final un fuerte abrazo.

Ellos la vivieron, la encarnaron y principalmente fueron honestos con ellos mismos. Sabían que querían el sacerdocio más que nada en la vida. Tiempo después supe que se ordenaron sacerdotes y aceptaron las comisiones más lejanas y sé que aún las cumplen con devoción.

Con respecto a cuál fue mi respuesta cuando me preguntaron si había oído el llamado de Dios, es simple, escribo sobre ella como una bonita anécdota, como un viaje de aprendizaje y de fortalecimiento del carácter.
Cuando regresábamos a nuestras habitaciones, en la puerta nos esperaba uno de los curas que nos preguntó si nos había gustado lo que habíamos visto, mi respuesta fue sí, pues no cambiaría esta experiencia por nada. De regreso a Chiclayo, muchas cosas cambiaron en mi vida y aún siguen cambiando cada vez que recuerdo ese viaje.

jueves, 12 de marzo de 2015

Camino


Ne me dejes con la mano extendida, tómala y quizá puedas guiarla a los lugares que contigo conocí años atrás. ¡Tómala! No permitas que las fuerzas te abandonen, ¡tómala! y llévame de paseo como lo hacías cuando éramos niños. No dejes que el tedio y el enejo por el abandono de tus fuerzas te venzan. Levántate y muéstrame un nuevo camino, uno que no haya conocido, y que quieras enseñarme a transitar.
No me dejes con la mano extendida, tómala como si fuera la primera vez. Recuerda los buenos años, cuando me cargabas en brazos y me arrullabas para hacerme dormir. Toma mi mano y esta vez iniciemos una travesía que nos permita limpiar asperezas con la vida, para iniciar el nuevo camino hacia algo bueno, hacia lo desconocido.

domingo, 1 de marzo de 2015

De: No te quiero


7




No, no te sueltes de mi mano,
Cógela fuerte y continúa a mi lado.
Pretendamos que somos los de antes,
Que soy el amante esposo
Y tú la abnegada esposa.
Pretendamos que aún somos felices
Y que la buena ventura nos sonríe
Y que todavía somos uno.
No, no te sueltes de mi mano
No quiero despertar
No quiero que te alejes
No quiero que me dejes de amar.





8




Pídeme que te bese
Que te abrece
Que te ame.
Que te llene de caricias
Y también de ternura.

Pídeme que llegue a tu corazón
Para de esa manera
Escalar por cada recodo de tu ser
Y convertirme en parte indispensable
De tu complicada vida.




9




Siempre estuve presente
Para ser tu apoyo
Para ser tu incondicional.

Siempre estuve presente
En los buenos momentos
Como cuando viajaste
Por intrincados caminos
En busca de la ansiada
Y esquiva felicidad.

Siempre estuve presente
En los momentos en los que,
Cansada de tanto caminar,
Quisiste darte por vencida.
Te ayudé a levantarte
Te ayudé a caminar
Y te ayudé a convertirte
En la imbatible mujer

Que hoy eres.

viernes, 27 de febrero de 2015

De: No te quiero

4


Hoy es un buen día para empezar de nuevo,
dejar a un lado los sinsabores de la vida
y empezar a probar nuevas frutas con cuyos néctares
nos transporten a nuevos destinos.

Hoy es un buen día para empezar a dejar atrás
las viejas historias de amor y amistad
que en su tiempo representaron los mejores momentos
de toda una vida.

Hoy es un buen día para dar la vuelta a la página
y empezar a escribir nuevas historias
que nos lleven por caminos amarillos
hasta la cueva en donde está oculta la felicidad.

Hoy simplemente quisiera caminar sin rumbo
por sendas desconocidas de diferentes caminos
que me lleve a ciudades desconocidas
en donde mis nuevas historias tengan un comienzo feliz
sin un final definitivo.

Quiero una historia sin final,
una historia con alegrías y tristezas
una historia de la vida real, con personajes reales
que me transportes a escenarios ilógicos
en donde el mundo entero aprendió a ser feliz.

Quiero paz, tranquilidad y sobre todo
esperanza.


5

Ven aquí, siéntate a mi lado,
no digas nada
sólo deja que te abrace
y sienta tu cuerpo estremecer.
Acurrúcate en mi regazo y duerme,
y sueña que eres libre y feliz.
No abras tus ojos para nada,
déjate llevar por los personajes de tus sueños
que tienen como misión llevarte a los campos Elíseos
donde podrás descansar en paz.



6


Pídele perdón,
Dile que la amas
Que la extrañas
Y que no puedes vivir sin ella.
Pídele perdón
Por todas las mentiras dichas
Por todos los deslices
Por las amantes reales y ficticias
Por las lágrimas que la hiciste derramar
Por el corazón roto que aún no sana.

Pídele perdón por favor
No ves que está sufriendo
Que llora por ti día y noche
Y no puede descansar en paz.

Pídele perdón de una vez
Antes que otro cure sus heridas
Y la haga olvidar la triste historia
Que vivió a tu lado.
Pídele perdón
Antes que pueda respirar con normalidad
Y decida darse la oportunidad de
Vivir una nueva historia de amor.

Pídele perdón de una vez
Antes que se olvide por completo de tí
Pídele perdón
Y decide ser el hombre
Que la pueda hacer feliz

Sin mentiras y engaños.

lunes, 23 de febrero de 2015

De: No te quiero




1



No te quiero
no te quiero muy lejos de mí, porque te extrañaría
No te quiero
no te quiero ver triste ni derramar una lágrima
No te quiero
No te quiero dejar partir
Porque en tu ausencia
Mi alma vagaría por lugares
En los que no quisiera transitar.
No te quiero
No te quiero decir nada más
Sólo quiero esperar que vuelvas
Para volver a comenzar.








2




Me dices que no me quieres, ¿por qué simplemente te cansaste de mí?
me dices que no me quieres, ¿por qué crees que ya no me amas?
o porqué tienes miedo de ser feliz.

No me quieras porque ya no sientas nada por mí,
no me quieras porque en realidad ya te aburriste de mí,
pero no digas que no me quieres
porque te hago feliz.

Quererte y que me quieras ha sido lo mejor en mucho tiempo
pero perderte por tus temores a ser feliz,
sería quizá, el más cruel de los castigos.

No me quieras porque quizá hice algo malo
o porque quizá, tengo demasiados defectos,
pero no me digas que no me quieres
porque cada vez que estás conmigo
el suelo bajo tus pies tiembla de alegría
y tú corazón late a mil cada vez que tomo tu cintura.

No me quieras porque creas que he dejado de quererte
o porque según te dijeron no te tomo en serio.

Quiéreme porque en realidad me gusta hacerte reír,
Porque me gusta que ver tu rostro con ese brillo
que me muestra que de verdad eres feliz.
Quiéreme porque disfruto viendo tu risa chueca
y me encanta ver tus ojos chinos de tanto reír.
Quiéreme  porque en verdad te quiero,
porque te volviste parte de mí
y ahora eres parte irremplazable de mi ser.








3




Digo sí
a la vida que llevo contigo.
Digo si
al rostro sin maquillaje
cuando te levantas,
y digo si
a tu sonrisa burlona cuando a veces
me equivoco.

Digo no
a tu rostro triste,
a lágrima que lo recorre
hasta llegar a tu mejilla.

Digo no
la herida causada en tu corazón
por algún tipo de desengaño
del cual puedo ser el culpable.

Digo si
al perdón que puedas darme
y a la enmienda sincera
de mi corazón.

Digo sí
a tu rítmico andar
y a tu constante prisa
por llegar a tu destino.
Te digo sí a ti
en los días de tribulaciones,
cuando crees que las fuerzas
te abandonan y el alma
grita por ser libre.

Te digo sí a ti
porque eres lo mejor de mi
la mejor verdad que poseo
porque eres el mejor oxígeno
para mi existencia.

viernes, 6 de febrero de 2015

LA SOPA QUEMADA

Hubo una vez que me invitaron a comer a un conocido restaurante de la ciudad. Las expectativas no eran muchas, además era algo rápido pues debíamos ir a trabajar. Señores buenas tardes, se acercó diciendo una de las camareras que de inmediato nos dijo sería la encargada de atendernos y de tomar nuestros pedidos.
Hasta ese momento nada era algo inusual. Señores tenemos de almuerzo, tal y cual cosa, pero de entrada sólo tenemos sopa. Nada más sopa, dijo uno de muchos, sí, replicó la camarera. No queda opción, que sea sopa. Nada hacía pensar que al momento de recibir nuestros pedidos nos llevaríamos una gran, pero gran sorpresa. La sopa estaba, literalmente, quemada.
No es una broma, es la pura verdad. Cuando Juan dio la primera cucharada lo primero que dijo fue: la sopa está quemada. Nosotros nos reímos al unísono  y no le creímos en ese momento. Pero cuando también dimos la primera probada ter minamos por darle la razón. Los fideos estaban medio negros por la excesiva cocción, las papas habían corrido la misma suerte y no que decir de la carne que le habían echado.
Llamamos a la camarera y le preguntamos que qué tipo de sopa nos había servido. A la minuta respondió. Pero no se parecía en nada a los que era el plato. Fue Sara quien tomó la palabra y le muy molesta le dijo que el plato que nos habían servido era un asco y que ya no sirva el resto del pedido. La joven, sin perder la compostura, perfecto pero les voy a traer la cuenta de lo que han consumido. Qué sinvergüenzas, dijo Sara, nos atienden mal y todavía nos quieren cobrar por comida que no es apta para el consumo, dijo molesta y volteando hacia Ignacio,,le dijo que llamara al serenazgo y la Policía para que intervengan el local.
Al ver la discusión la supervisora de camareros se acercó a nuestra mesa y preguntó qué sucedía. Luego de explicarle lo sucedido, intentó justificar lo sucedido diciendo que era la receta especial del cocinero, pero que como no había sido de nuestro agrado no nos cobrarían nada y podíamos irnos cuando quisiéramos, ya que no nos denunciarían.
Era algo verdaderamente inaudito lo que sucedía, estaban en falta y todavía querían voltear la situación a su favor. Nos levantamos de la mesa y Sara empezó a grabar, con su teléfono celular, los platos de sopa con su contenido quemado y salimos del local revelando cuáles eran nuestras intenciones. Los denunciaremos ante Indecopi, les gritó Sara, y luego abandonamos el lugar sin haber comido nada.
Lo único de bueno de todo esto, fue la promesa de nunca más volver a comer en ese restaurante, como también tampoco a recomendarlo con ninguno de nuestros amigos o conocidos.