Una hubo un día, de tal mes, de tal año, que alguien decidió
que debía ser médico. Pero hubo alguien que se apiadó de mí y me dijo: “no te
preocupes no le hagas caso, ya elegí lo que tú vas a ser”. Y fue así que
llegamos al centro pre de esa reciente universidad particular creada y me
inscribieron en la escuela de comunicaciones. Nada más acotó mi viejo, “no le
vayas a decir nada a tu madre, hasta que se dé tu ingreso, sino nos mata a los
dos”.
De eso casi ya 24 años, y aún ese recuerdo lo tengo tan
vívido en mi mente, que cada que vez puedo lo cuento. Mi madre al saber que había
ingresado a la universidad, estaba feliz, pues decía que su hijo iba a ser
médico, pero muy sutilmente mi padre le iba corrigiendo, “no serrana,
periodista”. Hasta que por fin se dio cuenta y los dos salimos presurosos a
tomar una gaseosa a la tienda de la esquina. Claro está eso era hasta que se apague ese dragón que se había encendido en ella, pues no se había cumplido su
voluntad.
Con el paso de los años ella ha aprendido a convivir con
esta tan riesgosa y bonita profesión. Se ha llevado tremendos sustos cuando
escuchó que en la comisión en la que encontraba había habido varios muertos y
algunos colegas resultaron heridos. Tembló de pavor cuando me enviaron a Bagua para cubrir el conflicto peruano-ecuatoriano de 1995, como también sintió
satisfacción cuando gané un concurso internacional cuyo premio era una beca de
estudios en los Estados Unidos.
Esta bendita profesión me ha permitido conocer todos los
lados de la naturaleza humana desde la más dulce, hasta la más gris y oscura.
El Periodismo es gitano, lo sé, así como te da te quita, pero aun así lo sigo
ejerciendo y quizá lo ejerza hasta cuando la salud me lo permita, y las fuerzas
no me abandonen.
Creo que con el paso de los años algo hemos logrado con esto
de ser periodista. He pidido conocer varias partes del Perú y también otros
países. Conocí personas con las que hice grandes amistades, con las que también
tuve grandes decepciones. Hubieron amores fugaces y otros duraderos, y todo eso
me enseñó a no perder mi humanidad, a fortalecer mi carácter, y ennoblecer
(hasta donde se pueda) mi alma.
He podido lidiar con realidades completamente opuesta a la
que estoy acostumbrado. A dormir en una cama solo hecha de una frazada tendida sobre
el piso, teniendo como techo exclusivo el cielo estrellado. He probado sabores que nunca en
mi vida hubiera soñado probar y he olido aromas que hasta hora se han quedado
impregnados en mis recuerdos. He vivido historias de acción emocionantes, como
también algunas que me llevaron a un severo estado depresivo de los que pude
salir gracias a la fortalece de mi mente.
Gracias al periodismo he podido conocer muchos “mundos
paralelos” en donde he conseguido quizá las mejores historias de mi carrera, y
que fueron esas historias las que me hicieron ganador de aquel concurso
internacional. “Eres un contador de historia”, alguien me dijo una vez
mostrándome una crónica escrita hace ya muchos años cuando era parte de la
redacción del diario Correo. Fueron mis mejores años, pues en ese entonces aún
existía la redacción a máquina de escribir, cámara fotográfica mecánica y los
rollos de películas a color y blanco y negro; las carillas de redacción y los
contactos fotográficos. Tiempos aquellos. Ya habrá oportunidad de contar otras
historias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario