domingo, 28 de noviembre de 2010

El campo de Girasoles

Cuando niño frente a mi casa había un extenso campo de Girasoles el que hoy en día ya no existe. Es una pena, pues tengo buenos recuerdo de ese hermoso campo de Girasoles. Recuerdo por ejemplo que la vieja pandilla callejera los recorría de principio a fin jugando a la guerrita, o los indios. De vez en cuando la utilizábamos como una cancha para jugar fútbol, disputas que siempre terminaban en excepcionales broncas en las que los más pequeños terminaban con la nariz sangrando. Uno de ellos era yo, pues siempre era arrastrado por mi hermano mayor a sus aventuras, las cuales detestaba en unos inicios, pero con el paso de los días empecé a disfrutar.
Fueron buenos tiempos, pues en la casa de toda la cuadra no faltaban los arreglos florares únicamente de Girasoles. Nuestras madres ya estaban aburridas de esa bellas flores, que hoy en día son incomprendidas, pues por sus proporciones las consideran feas y en realidad no sé porqué.
Hubo un día cuando toda la pandilla, Germán, Rodrigo, Harry, Damian, Héctor, Silvestre, Domingo, Manuel, nuestro siempre querido Fortunato y el pequeñín Sebastián nos fuimos a jugar un partido de fútbol con la pandilla del barrio vecino y fue toda una calamidad. La bronca empezó en la cancha de fútbol y terminó en las calles, con padres de familia incluidos en tremenda bronca. Fue espectacular. Llovían patadas, puñetes, semejantes trompadas que dejaban cada ojo o labio roto.
Pero lo más espectacular de todo fue ver a mi madre salir en defensa de mi padre, quien en desventaja, pues enfrentaba a tres tipos más fornidos que él, intentaba sacarme de todo el tumulto. El negro les hizo frente hasta donde pudo y mi madre no intervino hasta que lo vio caer. Papá sabía defenderse, tiraba su bronca, pero esa vez se vio superado. En cambio mi madre era conocida en el barrio como una mujer apacible e indefensa, pero eso cambió ese día. Nadie pudo entender como un una mujer de de apenas un metro sesenta de estatura se lanzó contra los tres hombres que tenían en el suelo a su esposo y de sendos derechazos los hizo retroceder dándole tiempo a su esposo de levantarse y de poder defenderse como se debía.
Después de ese día los vecinos del barrio vieron con otros ojos a mi madre. No sé si infundía respeto o temor, pero todos la tenían siempre presente. Mi papá desde ese momento le llamó (con cariño por supuesto) “Mano de piedra Durand”, pues decía que tenía una derecha poderosa. Eso lo pudo comprobar años después, cuando ya de adulto llegué borracho a la casa y me deshice de todas sus plantas en una sola noche. Ebrio y tambaleándome arrojé al suelo todos sus maceteros y cuando se levantó al día siguiente y yo aún estaba medio grogui por la borrachera mi madre de una sola trompada me hizo regresar a los brazos del dios Morfeo.
El campo de Girasoles representó muchas cosas para nuestra niñez y al mismo tiempo fue el único lugar hermoso en donde una gran pequeña pandilla vivió momentos de mucha felicidad. Como el que vivimos en una primavera de 1978. Un día despertamos todos y nos fuimos de campo, pero no sabíamos que estábamos en una zona peligrosa. Por ese entonces tendría unos seis o siete años cuando mi hermano mayor, sin pedir permiso me llevó a su excursión. Todo fue tan repentino que o supe qué hacer. Pasamos de estar sentados jugando entre todos a comenzar a correr en estampida y escuchar fuertes ruidos tan fuertes que entramos en pánico. No sabíamos que estábamos en medio del nuevo campo de tiro de la Fuerzas Aérea y justo se les ocurrió iniciar sus prácticas. Cuando nuestros padres se enteraron de lo que había sucedido estuvimos casi un mes castigados. Entre los demás muchachos del barrio fuimos unos héroes.
En ese campo de Girasoles, conocí quien fue primer amor y con quien tuve mi primer beso. Fue una experiencia que marcó mi vida y que hasta hoy ya de viejo recuerdo con cariño y pocas veces lo cuento y esta no será una excepción. Sólo eso es lo que les voy a contar.
Girasol, hermosa flor, que nos muestra de una manera peculiar lo que es la belleza y que marcó mi niñez, la cual no olvidaré.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Travesuras

Alguien me dijo que la soledad era un buen consejero para los momentos difíciles, pero nadie me advirtió que mi mente sería el peor de mis castigos. En esos momentos, me he puesto a reflexionar qué he hecho bien y qué he hecho mal, y debo decir que no he encontrado una respuesta a todas las incógnitas que me invadían en cada momento, en esos momentos de soledad.
El recordar que ayer por la mañana me encontré con Mireya y no pude verle a los ojos porque sentía tanta vergüenza que quería la tierra se abra y me trague. El encontrarme con Antonio quien tenía el rostro amoratado por la paliza propinada la noche anterior.
¿Qué demonios sucedió? Me pregunto en silencio, mientras intento razonar el porqué de las acciones de la mayoría de nosotros. Medito y pienso, ¿fue el alcohol?, no lo creo, fue nuestra ira irracional por no tolerar a otra persona, quizá, más listo que uno. No lo sé, tantas cosas pasan por mi mente, que sólo pienso en estar solo y así lo hago. Me dirijo a un lugar en donde nadie me pueda encontrar y pueda seguir atormentándome con las cosas que no quiero recordar y mucho menos admitir.
Pienso que no es necesario recordar y siento que debo callar. ¿Será necesario aparentar qué no sucedió nada? O simplemente actuar como siempre. Por un momento creo que esa es la solución más correcta, pero nuevamente mi conciencia vuelve y me dice que no es lo correcto. Caramba, qué contrariedad, con el paso de las horas se me van agotando las respuestas y también las excusas para explicar lo sucedido.
No me queda otra que enfrentar las consecuencias y esperar lo que se viene. Pero qué es lo que estoy haciendo, no soy el único responsable, fue también Mireya, Antonio, Francisco, Miguel Ángel y también Guadalupe. Todos apostamos y todos participamos, así que creo que todos debemos asumir la responsabilidad de haber jugado tiro al blanco con el pobre de Antonio.
Nada más que no debimos usar esas pistolas aire, pues ahora vemos las consecuencias. Pero Antonio es más culpable pues fue él quien se ofreció para hacer de “blanco”. Al final sólo se retorcía de dolor y se negó a ir al hospital para que curen sus heridas. Qué le habrán dicho sus padres, quizá ya se están comunicando con nuestros padres y más tarde se arma la gorda; ni modo hay que esperar.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Soñando

Te he soñado por última vez. Y en ese sueño evocaba los momentos más sublimes de nuestras vidas. Por ejemplo el día en que te conocí. Tú estabas sentada leyendo en una de las bancas de la universidad. Nada te molestaba, nada hacía que perdieras la concentración, nada perturbaba tu lectura y tampoco nadie se percataba de tu presencia. No sé porque en ese instante dirigí mi mirada hacia ti y te pude ver. En ese momento me sentí en paz, embelesado con lo que veía sin poder desprenderme de esa imagen que me había cautivado.
Era la primera vez que algo así me pasaba, pero que al mismo tiempo me permitió poder estar contento y al mismo tiempo en paz. En ese momento te había idealizado y no quería perder ese concepto.
Al día siguiente volví a ver esa misma escena y nuevamente quedé prendido de lo que veía. Pero esta vez me acerqué y te pregunté qué leías, tú con desdén me dijiste que no estaba a mi altura intelectual. Solté una soberana carcajada y te dije: eso crees; y continué caminando. Recordé que te molestaste mucho y estuviste por varios días con los diablos azules.
En nuestro tercer encuentro estabas a la defensiva, pero esta vez escuchaste y fuiste más sutil. Conversamos largo rato y por primera vez tuvimos un real contacto. Desde ese entonces empezamos lo nuestro.
Qué lindo sueño, pero tengo que despertar. Lo malo que al hacerlo me encontraré que ya no estás a mi lado, pero que tengo la esperanza de que en el algún, nos podamos reunir para recordar los lindos viejos tiempos

jueves, 18 de noviembre de 2010

Te odio porque te quiero

Encantado de la vida de tenerte cerca,
pues de esa forma puedo seguirte con la mirada,
admirar tus imperfecciones que te hace
una mujer única y atractiva.
Poder gozar de esa risa estridente
que se escucha en toda la cuadra,
poder al menos decirte un hola,
antes que decidas irte.
Encantado de tenerte cerca,
pues de esa manera podré
estar tentado de acercarme un poco más a ti
y procurar tu cariño.
Encantado de tenerte cerca, pues podré de esa manera decirte:
Te odio de tal manera, que podría decirte que te amo
te odio de tal manera, que podría decirte: soy tu esclavo
te odio de tal manera, que podría besarte hasta saciar
nuestras pasiones.
Te odio porque me obligas a quererte
sabiendo que se trata de un imposible.
Me odio más a mí, por permitirme quererte
me odio más a mí, porque sé que me quieres
y no soy capaz de irrumpir en la iglesia
para evitar te cases con ese mozalbete
que te hará infeliz.
Quisiera que reflexiones y frente al altar digas
no cuando el cura te pregunte
si aceptas casarte.
Quisiera que salieras corriendo de iglesia
y te confundas conmigo en un abrazo
que nos permita huir hacia algún lugar
en donde podamos ser felices
aunque sea por primera vez.