Una vez, hace ya muchos años, un joven aspirante a
periodista me preguntó qué se debía hacer para formar parte de este grupo de
hombres y mujeres, que lo arriesgan todo por una noticia. Por unos segundos
guardé silencio y pensé lo que debía decir, pero cruzaron por mi cabeza tantos
pensamientos que no tuve una respuesta clara para tan sencilla interrogante.
Mira, le dije, para ser periodista lo único que necesitas es
saber qué es lo que realmente quieres, pues el poder que estás a punto de
recibir es tan grande que esa fuerza infinita que vas adquirir puede nublar tu
mente y llevarte por un camino equivocado, o quizá, puede despertarte y te
lleve a abrazar algunas de las tantas causas justas que a lo largo de tu
carrera se te presentarán.
Puedes convertirte en un ser vil y despreciable, como
también puedes ser un ángel de la guarda, o simplemente ser un simple mortal
que marcha contrasentido o se empecina por nadar contra la corriente pues cree
que se encuentra en el camino correcto. Ser periodista significa ser una
persona que busque estar cerca de la verdad o valerse de ella para cumplir con
su misión. Significa ser una persona moral y con sentimiento para poder decir
si o no a las cosas, o enfrentar la verdad con toda su crudeza, más no para
cerrar los ojos al espectar una injusticia.
No soy un sabio, pero espero que la sapienza de los muchos
hombres de prensa con los que trabajé, puedan servir en algo para poder formar
la base de lo que será tu éxito o tu perdición.
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