Lunes por la mañana. Silvana se levantó apresurada. Se le había hecho tarde para ir al colegio. Por mi parte aún tenía sueño así que seguí durmiendo mientras ella se duchaba. Luego trepé a su falda del uniforme escolar y la acompañé a clases. Creía iba a ser emocionante, pero las ocho horas que estuvo escuchando clases fueron una tortura para mí. Quería que alguien me quite ese sufrimiento, pero tuve que soportarlo, especialmente a aquel profe de matemáticas. Qué tortura. El hombre tenía una voz que adormecía a todo mundo. Por instantes veía a Silvana dar unos cabezazos o pestañeadas, pero luego se recuperaba y continuaba escuchando clases.
Con el transcurso de las horas, por fin vino el fin de la jornada. Me sentía exhausto y no me había alimentado bien. Sólo succioné un poco de sangre de una de sus piernas, pero no había sido suficiente. Esperé pacientemente llegar a casa.
Ya en su habitación, Silvana comenzó a llamar a cada una de sus amigas y les contó lo que había hecho el fin de semana con ese sujeto. No les dejó ningún detalle a la imaginación. Les dijo que el pata con el que había estado tenía manos fuertes y firmes y un muy bien desarrollado tórax. Fuertes brazos desarrollados producto del levantamiento de pesas. Silvana estaba verdaderamente emocionada por la relación iniciada con ese tipo y sus amigas la azuzaban para que continúe en el juego. Después de varios minutos de charla calentona entre adolescentes, se despidió y se desvistió con rapidez y se bañó. Escuché algo que el sujeto la iba a visitar, así que ella quería sentirse fresca y estar lista para la acción. No demoró mucho.
Se puso un short corto y un polo apretado a su cuerpo. No llevaba sostén. Estoy seguro que todo lo tenía planeado, pues el sujeto llegó cerca de las siete de la noche a verla. Él le dijo que quería salir con ella, quizá al cine, quizá a comer. Pero ella prefirió quedarse en su casa, en su sala, pues sus padres no estaban y tenía que ver a sus hermanos menores. Se sentaron en un sillón grande y cómodo ubicado frente a un televisor. Por unos minutos vieron algunas de esas series bobas que dan en Ther Wornel Channel y luego apagaron el Tv. y comenzaron a charla. Ella estaba muy pegado a él, pero sostenía sus manos y evitaba de esa manera que recorra su cuerpo. El pata estaba loco de excitación. Quería librar sus manos pero no podía, hasta que por fin se resignó. Habría pasado un par de horas cuando el tipo que estaba con Silvana le dijo que se iba pues era tarde. Creía se iba sin recibir ninguna recompensa a cambio de haber soportado la tortura a la que fue sometido, pero Silvana lo tomó por sorpresa dándole un suave beso en los labios. Te vas tan temprano, le dijo y para ser sincero el pata no tenía ninguna respuesta que dar. Estaba en otro mundo y completamente desarmado. La joven llevó las manos de su acompañante a su cintura y las hizo recorrer su piel con suavidad. Sentía cosquilleos que le daban placer, mientras que él estaba agradecido. Todo era parte de su juego y el pobre hombre una vez más comprobó que no tenía con qué defenderse.
Silvana siguió con los jugueteos. Hizo que las manos de él llegaran hasta casi sus pechos. El hizo el intento de llegar, pero le fue impedido ya que la joven lo abrazó y le regaló nuevamente un suave beso en los labios. Después de ello no hubo ningún intento más de él por llegar más lejos. Luego, Silvana le dijo que tenía razón, que ya era tarde y debía irse. Le abrió la puerta, lo palmeó en la espalda y lo despidió. Había ganado su segunda batallada.
miércoles, 26 de diciembre de 2007
martes, 25 de diciembre de 2007
Confesiones de una pulga: El almuerzo
Eran cerca de la una de la tarde. Silvana se apresuró en cambiarse para acudir al llamado de su madre para el almuerzo. El sujeto que se encontraba parado en la ventana también salió corriendo, pues se supo descubierto.
Mientras tanto yo no encontraba la forma de cómo poder alimentarme. De cómo acercarme hasta ella para poder succionar un poco de sangre de cualquier parte de su cuerpo. Después de tanto padecer creo se dio un golpe de buena suerte. La guapa Silvana había colocado su falda cerca de donde me encontraba, por lo que se me hizo fácil, de dos grandes saltos, llegar hasta ella y encontrar el camino hacia el sagrado alimento. No soy un vampiro por alimentarme de sangre, pero esa es mi naturaleza.
Esperé pacientemente hasta que por fin ella se colocó la falda. Estaba por fin en un oasis y lo mejor de todo es que era para mí sólo. No debía compartirlo con nadie. Sin provocar ningún tipo de estrago en la suave piel de Silvana, comencé a buscar una zona en donde colocarme y empezar a comer. No sabía en qué parte colocarme, hasta que por fin decidí ir hasta el ombligo. Allí estuve por varios minutos y ella no sentía nada. Me perdí en el paraíso hasta que algo interrumpió de manera abrupta, mi alimentación. Unas extrañas manos recorrían el cuerpo de Silvana. Por un momento me asusté pues creí me habían descubierto, pero no fue así. Sentía que Silvana estaba agitada y su respiración aumentaba cada vez de acuerdo a como las manos del sujeto con el que estaba, recorría ciertas partes de su cuerpo. Tocaba con suavidad su espalda y con fuerza sus nalgas. Eso a ella la hacía emitir pequeños quejidos que alocaban a su pareja. Sus pechos estaban firmes y sus pezones erectos y parecía que Silvana estaba perdida y a merced del desconocido.
La joven estaba excitada y el pata con el que se encontraba la sabía manejar. Por un momento pensé que la niña estaba a punto de convertirse en mujer, pero no fue así. Silvana de un solo empujón lo hizo alejarse. No pude entender bien lo que dijo, pero ella empezó a correr hacía la casa. Allí rió bajo y subió a su habitación y se tiró en la cama. Estaba feliz, estaba logrando lo que tanto deseaba. Había empezado su juego de seducción y su víctima, o mejor dicho su presa, ya estaba seleccionada. Peor aún, ya había comenzado a ser domesticado para luego ser sacrificado, por esa fiera mujer.
Mientras tanto yo no encontraba la forma de cómo poder alimentarme. De cómo acercarme hasta ella para poder succionar un poco de sangre de cualquier parte de su cuerpo. Después de tanto padecer creo se dio un golpe de buena suerte. La guapa Silvana había colocado su falda cerca de donde me encontraba, por lo que se me hizo fácil, de dos grandes saltos, llegar hasta ella y encontrar el camino hacia el sagrado alimento. No soy un vampiro por alimentarme de sangre, pero esa es mi naturaleza.
Esperé pacientemente hasta que por fin ella se colocó la falda. Estaba por fin en un oasis y lo mejor de todo es que era para mí sólo. No debía compartirlo con nadie. Sin provocar ningún tipo de estrago en la suave piel de Silvana, comencé a buscar una zona en donde colocarme y empezar a comer. No sabía en qué parte colocarme, hasta que por fin decidí ir hasta el ombligo. Allí estuve por varios minutos y ella no sentía nada. Me perdí en el paraíso hasta que algo interrumpió de manera abrupta, mi alimentación. Unas extrañas manos recorrían el cuerpo de Silvana. Por un momento me asusté pues creí me habían descubierto, pero no fue así. Sentía que Silvana estaba agitada y su respiración aumentaba cada vez de acuerdo a como las manos del sujeto con el que estaba, recorría ciertas partes de su cuerpo. Tocaba con suavidad su espalda y con fuerza sus nalgas. Eso a ella la hacía emitir pequeños quejidos que alocaban a su pareja. Sus pechos estaban firmes y sus pezones erectos y parecía que Silvana estaba perdida y a merced del desconocido.
La joven estaba excitada y el pata con el que se encontraba la sabía manejar. Por un momento pensé que la niña estaba a punto de convertirse en mujer, pero no fue así. Silvana de un solo empujón lo hizo alejarse. No pude entender bien lo que dijo, pero ella empezó a correr hacía la casa. Allí rió bajo y subió a su habitación y se tiró en la cama. Estaba feliz, estaba logrando lo que tanto deseaba. Había empezado su juego de seducción y su víctima, o mejor dicho su presa, ya estaba seleccionada. Peor aún, ya había comenzado a ser domesticado para luego ser sacrificado, por esa fiera mujer.
domingo, 23 de diciembre de 2007
Confesiones de una pulga: El Inicio
Mi vida era tranquila y plácida en la piel de un hermoso perro siberiano. Tenía todo lo que quería. Comida en todo momento y abrigo. Podía recorrer toda su piel a saltos sin que nadie me pudiera ver, ni sentir hasta que ocurrió lo inevitable. Parece que piqué mucho la piel del can que éste se rascó con tanta fuerza que me hizo salir disparada de su piel y caer sobre una cama que tenía unas sabanas blancas muy limpias. No sabía a quién pertenecía esa habitación. Era la primera vez que veía semejante cuarto. Por un instante al saberme fuera de mi hábitat natural me asusté y comencé a buscar desesperadamente al perro, el que había desaparecido. Estaba sola y sin sabe qué hacer.
Entré en pánico y comencé a saltar desesperadamente por toda la cama hasta que escuché unos fuertes ruidos. Alguien abría la puerta. Permanecí quieta hasta que ví dibujarse una silueta. Era Silvana. No la había visto desde hacía tiempo y no sabía que había caído en su habitación. Permanecí quieta hasta que ella se sentó frente a su tocador. Se le notaba sudorosa y agitaba. Había estado jugando tenis con sus amigas y ya era la hora del almuerzo y debían asearse. El verla desvestirse fue todo un espectáculo. Primero se soltó el lazo que ataba su cabello y daba forma a una cola de caballo. Con sus manos lo agitó y éste caída sobre sus hombros. Luego prosiguió a desabotonarse la blusa y a sacársela por completo. Su torso quedó expuesto. Casi inmediatamente se quitó su brassier y lo tiro sobre la cama. Luego se quitó su falsa y su trusa e inmediatamente se dirigió a ducharse. Mientras se aseaba ella cantaba, parecía alegre.
Luego de unos minutos salió envuelta en una toalla. Se sentó nuevamente frente a su tocador y empezó el ritual de maquillarse. Primero limpió su rostro con una crema y luego empezó a ponerse maquillaje. Fue a su ropero y uno de los cajones escogió la ropa interior que se iba a poner. Mientras ella seguía con todo ese ritual de vestirse, había hecho su aparición un personaje al que yo no conocía.
Este insano individuo se había posesionado de una ventana. Estaba completamente agazapado y la observaba. Miraba con lascivia la escena y no se perdía ni uno de los movimientos de la joven Silvana. Para quienes no lo saben ella es sólo una niña, tiene 15 años.
No sé como pero Silvana se dio cuenta de la presencia del tipo y por un momento pensé que ella lo correría o que taparía con algo su cuerpo, pero no fue así. Ella continuó como si nada hubiera pasado. Creo que hasta comenzó a exhibirse para él. Por lo visto ella lo conocía y no le molestaba que la viera desnuda. El pata estaba como en otro mundo. Extasiado, y sin movimiento alguno. Ella sabía que lo tenía a su merced y que desde ese momento el pobre hombre haría lo que ella le pidiera. Simplemente estaba perdido y creo que eso a él no le importaba.
Mientras tanto el tiempo transcurría y cada vez más sentía hambre y ya no tenía al perro siberiano para alimentarme así que debía buscar otro manantial. De un momento a otro, un grito se escuchó: Bajen a comer y salí corriendo.
Entré en pánico y comencé a saltar desesperadamente por toda la cama hasta que escuché unos fuertes ruidos. Alguien abría la puerta. Permanecí quieta hasta que ví dibujarse una silueta. Era Silvana. No la había visto desde hacía tiempo y no sabía que había caído en su habitación. Permanecí quieta hasta que ella se sentó frente a su tocador. Se le notaba sudorosa y agitaba. Había estado jugando tenis con sus amigas y ya era la hora del almuerzo y debían asearse. El verla desvestirse fue todo un espectáculo. Primero se soltó el lazo que ataba su cabello y daba forma a una cola de caballo. Con sus manos lo agitó y éste caída sobre sus hombros. Luego prosiguió a desabotonarse la blusa y a sacársela por completo. Su torso quedó expuesto. Casi inmediatamente se quitó su brassier y lo tiro sobre la cama. Luego se quitó su falsa y su trusa e inmediatamente se dirigió a ducharse. Mientras se aseaba ella cantaba, parecía alegre.
Luego de unos minutos salió envuelta en una toalla. Se sentó nuevamente frente a su tocador y empezó el ritual de maquillarse. Primero limpió su rostro con una crema y luego empezó a ponerse maquillaje. Fue a su ropero y uno de los cajones escogió la ropa interior que se iba a poner. Mientras ella seguía con todo ese ritual de vestirse, había hecho su aparición un personaje al que yo no conocía.
Este insano individuo se había posesionado de una ventana. Estaba completamente agazapado y la observaba. Miraba con lascivia la escena y no se perdía ni uno de los movimientos de la joven Silvana. Para quienes no lo saben ella es sólo una niña, tiene 15 años.
No sé como pero Silvana se dio cuenta de la presencia del tipo y por un momento pensé que ella lo correría o que taparía con algo su cuerpo, pero no fue así. Ella continuó como si nada hubiera pasado. Creo que hasta comenzó a exhibirse para él. Por lo visto ella lo conocía y no le molestaba que la viera desnuda. El pata estaba como en otro mundo. Extasiado, y sin movimiento alguno. Ella sabía que lo tenía a su merced y que desde ese momento el pobre hombre haría lo que ella le pidiera. Simplemente estaba perdido y creo que eso a él no le importaba.
Mientras tanto el tiempo transcurría y cada vez más sentía hambre y ya no tenía al perro siberiano para alimentarme así que debía buscar otro manantial. De un momento a otro, un grito se escuchó: Bajen a comer y salí corriendo.
domingo, 9 de diciembre de 2007
VERSOS DE MI PADRE
JUEGOS DE NIÑO
Cada vez que apareces
Entre bellas madreselvas,
Un deseo reprimido
Encadena mis penas;
Siento ahogar el grito
Alterándome la calma,
Pero retengo el sollozo
Aunque me quemen las venas.
¿Te acuerdas que cuando niños
formamos una familia?
tú la amorosa madre
yo el padre bondadoso;
tus muñecas nuestras hijas
que dormían en mis brazos,
de esos inocentes juegos
queda el recuerdo amoroso.
Hoy caminas primorosa
prendida de otro brazo,
y niños de carne y hueso
te están llamando: mamá;
¿por qué agachas la cabeza
cuando pasas a mi lado?
no sé porque me parece
que soy su real padre.
SORTILEGIO
Al final de nuestro tiempo
no podremos encontrarnos,
el espíritu encarnado
volverá en señal de reto;
una corona de luto
colocada en el pecho,
reposará en silencio
añorando lejano beso.
Nos amamos hasta el llano
con locura infinita,
abrazando la alegría
y delirante sortilegio;
un egoísmo letal
circulante remolino,
la mordaza que silencia
del amor el misterio.
Sin embargo me adhiero
a lo que fui y lo que soy,
pesar que conmueve
atisbos de remordimiento;
fuerza y fe en mis vivencias
Cristo es mi testigo,
recóndito amor profano
en volátil pensamiento.
AMOR DE BRISA
Ruge en tus labios
el viento tempestuoso;
y en sus manos vacilantes
filtra la sombra del cielo;
fuga la oscuridad
presintiendo a la ola,
su beso muere en la arena
entre llanto y desconsuelo.
Es hora de cavilar
sobre el destino errado,
inmolación del deseo
en el canto que acaricia;
es hora de despertar
y asumir el desencanto,
el alma se ha congelado
sin el amor de la brisa.
Pero estamos mirándonos
sin testigos ni lamentos,
que cambió tu vida
y también cambió la mía;
algo torció los caminos
algo despertó los sueños,
sólo lágrimas ajenas
afloran en este día.
Cada vez que apareces
Entre bellas madreselvas,
Un deseo reprimido
Encadena mis penas;
Siento ahogar el grito
Alterándome la calma,
Pero retengo el sollozo
Aunque me quemen las venas.
¿Te acuerdas que cuando niños
formamos una familia?
tú la amorosa madre
yo el padre bondadoso;
tus muñecas nuestras hijas
que dormían en mis brazos,
de esos inocentes juegos
queda el recuerdo amoroso.
Hoy caminas primorosa
prendida de otro brazo,
y niños de carne y hueso
te están llamando: mamá;
¿por qué agachas la cabeza
cuando pasas a mi lado?
no sé porque me parece
que soy su real padre.
SORTILEGIO
Al final de nuestro tiempo
no podremos encontrarnos,
el espíritu encarnado
volverá en señal de reto;
una corona de luto
colocada en el pecho,
reposará en silencio
añorando lejano beso.
Nos amamos hasta el llano
con locura infinita,
abrazando la alegría
y delirante sortilegio;
un egoísmo letal
circulante remolino,
la mordaza que silencia
del amor el misterio.
Sin embargo me adhiero
a lo que fui y lo que soy,
pesar que conmueve
atisbos de remordimiento;
fuerza y fe en mis vivencias
Cristo es mi testigo,
recóndito amor profano
en volátil pensamiento.
AMOR DE BRISA
Ruge en tus labios
el viento tempestuoso;
y en sus manos vacilantes
filtra la sombra del cielo;
fuga la oscuridad
presintiendo a la ola,
su beso muere en la arena
entre llanto y desconsuelo.
Es hora de cavilar
sobre el destino errado,
inmolación del deseo
en el canto que acaricia;
es hora de despertar
y asumir el desencanto,
el alma se ha congelado
sin el amor de la brisa.
Pero estamos mirándonos
sin testigos ni lamentos,
que cambió tu vida
y también cambió la mía;
algo torció los caminos
algo despertó los sueños,
sólo lágrimas ajenas
afloran en este día.
miércoles, 5 de diciembre de 2007
La vida de Fanny
Fanny es una joven alegre, traviesa y muy inteligente que en encontró en Alicia –como ella llama a su madre adoptiva- una razón porque vivir. No todo fue color de rosas en su vida, pues cuando tenía apenas cinco años, ella vivió un drama que si muchos lo escucharan creerían se trata de ficción.
Pero de todas maneras se los contaré. A los cinco años, Fanny vivía con abuela. Ella logró rescatarla de las manos de un padre adicto a las drogas y alcohólico, y mientras tuvo salud la protegió y crió como mejor pudo. Clara, la abuela de Fanny, de un momento se vio obligada a dejar la ciudad para ir a vivir a la sierra. Los motivos: el padre adicto, quería recuperar a la niña por todos los medios y Clara temía que en cualquier momento este sujeto le fuera hacer daño.
Se vio obligada a dejar su casa y también su trabajo. En ese pueblo serrano, Clara y Fanny durante todo ese tiempo debieron trabajar como domésticas y también como ayudantes en restaurantes en donde lavaban platos a cambio de un plato de comida. Fueron momentos duros pero creían que podían salir adelante. Un día de un momento a otro Clara enfermó y progresivamente su salud se fue deteriorando. Primero no podía caminar y luego quedó postrada en el colchón tirado en el suelo que compartía con nieta. Por días Fanny no comió nada. Se mantuvo de agua, la que compartía con su abuela. Fanny, que en ese entonces tenía cinco años, decidió salir de la casa rústica y con el techo lleno de huecos, a buscar en donde trabajar a cambio de comida. Por días lavó platos a cambio de un menú el que llevaba a su casa para compartirlo con su abuela enferma. Hasta ese momento ninguno de los vecinos y también los dueños de los restaurantes, sabían lo que pasaba.
De improviso Fanny dejó de ir a trabajar. Todos se preocuparon por la pequeña niña, por lo que decidieron ir a buscarla. Los restauranteros se agruparon y comenzaron a preguntar por las calles siguiendo el recorrido que todos los días la veían hacer. Días después dieron con su casa. La puerta estaba abierta y al no ver a nadie ingresaron pensando que Clara y la pequeña se habían ido del pueblo.
Al ingresar hallaron a Clara tendida sobre el colchón en el suelo. Fanny la abrazaba. Estaba dormida. Se acercaron a ella y al intentar levantarla, percibieron un hedor que los hizo retroceder. Inmediatamente sacaron a la pequeña del lugar y revisaron a la anciana. Tenía por lo menos tres días de muerta y durante todo ese tiempo Fanny estuvo a su lado. Hizo todo lo posible por salvarla compartiendo su único plato de comida, pero eso no bastó.
Días después los restauranteros contactaron con la familia de Fanny que retiró el cadáver de la morgue y le dio cristiana sepultura. La niña había sufrido un terrible trauma. Ya no era esa niña vivaz y alegre e iba a ser entregada a un albergue. Es en ese momento que Alicia entre a tallar. La adoptó y con años de trabajo y sacrificio la sacó adelante. Ahora es una bella jovencita con nuevas esperanzas, pero sin olvidar su pasado.
Pero de todas maneras se los contaré. A los cinco años, Fanny vivía con abuela. Ella logró rescatarla de las manos de un padre adicto a las drogas y alcohólico, y mientras tuvo salud la protegió y crió como mejor pudo. Clara, la abuela de Fanny, de un momento se vio obligada a dejar la ciudad para ir a vivir a la sierra. Los motivos: el padre adicto, quería recuperar a la niña por todos los medios y Clara temía que en cualquier momento este sujeto le fuera hacer daño.
Se vio obligada a dejar su casa y también su trabajo. En ese pueblo serrano, Clara y Fanny durante todo ese tiempo debieron trabajar como domésticas y también como ayudantes en restaurantes en donde lavaban platos a cambio de un plato de comida. Fueron momentos duros pero creían que podían salir adelante. Un día de un momento a otro Clara enfermó y progresivamente su salud se fue deteriorando. Primero no podía caminar y luego quedó postrada en el colchón tirado en el suelo que compartía con nieta. Por días Fanny no comió nada. Se mantuvo de agua, la que compartía con su abuela. Fanny, que en ese entonces tenía cinco años, decidió salir de la casa rústica y con el techo lleno de huecos, a buscar en donde trabajar a cambio de comida. Por días lavó platos a cambio de un menú el que llevaba a su casa para compartirlo con su abuela enferma. Hasta ese momento ninguno de los vecinos y también los dueños de los restaurantes, sabían lo que pasaba.
De improviso Fanny dejó de ir a trabajar. Todos se preocuparon por la pequeña niña, por lo que decidieron ir a buscarla. Los restauranteros se agruparon y comenzaron a preguntar por las calles siguiendo el recorrido que todos los días la veían hacer. Días después dieron con su casa. La puerta estaba abierta y al no ver a nadie ingresaron pensando que Clara y la pequeña se habían ido del pueblo.
Al ingresar hallaron a Clara tendida sobre el colchón en el suelo. Fanny la abrazaba. Estaba dormida. Se acercaron a ella y al intentar levantarla, percibieron un hedor que los hizo retroceder. Inmediatamente sacaron a la pequeña del lugar y revisaron a la anciana. Tenía por lo menos tres días de muerta y durante todo ese tiempo Fanny estuvo a su lado. Hizo todo lo posible por salvarla compartiendo su único plato de comida, pero eso no bastó.
Días después los restauranteros contactaron con la familia de Fanny que retiró el cadáver de la morgue y le dio cristiana sepultura. La niña había sufrido un terrible trauma. Ya no era esa niña vivaz y alegre e iba a ser entregada a un albergue. Es en ese momento que Alicia entre a tallar. La adoptó y con años de trabajo y sacrificio la sacó adelante. Ahora es una bella jovencita con nuevas esperanzas, pero sin olvidar su pasado.
sábado, 1 de diciembre de 2007
Nueve semanas y media
No recuerdo como empezó, pero el final de la historia fue tórrida y al mismo tiempo placentera. Laura es una joven de unos veintitantos años. Es alta y esbelta. De grandes ojos negros y cabellos del mismo color. Tenía una mirada penetrante que parecían calaban en el alma cuando te miraba fijamente.
Es guapa y atractiva por el carácter fuerte y determinado que tiene, pero nunca pensé que en tan sólo unos minutos de locura sucedieran tantas cosas. Pero bueno, iremos al grano. El sábado por la noche, acordamos un grupo de amigos ir a una discoteca de propiedad de Carlos un amigo al que no habíamos visto desde hacía un tiempo, pues se había dedicado a sacar adelante su negocio y por cierto le iba muy bien.
Llegamos al local cerca de las once de la noche. Laura se apareció con un tipo al que nunca habíamos visto. Cuando lo presentó dijo se trataba de un amigo de la universidad, pero todos nos miramos pues casi todos había estudiado en la misma U. Nos pareció raro, pero al final se unió al grupo y rápidamente se hizo a nosotros. Se le veía era un buen pata, hasta ese momento.
Con el paso de las horas y también de los tragos, todos comenzamos a hacer un poco de locuras. Zoila por ejemplo, se subió a una mesa y empezó a bailar una poderosa canción de Sting. Oswaldo se tomó dos vasos de cerveza seguidos, pero nadie se imaginó que Laura se tiraría al ruedo y haría algo osado.
Se levantó de su asiento cuando pusieron la canción principal de la película Nueve semanas y media, sí esa misma, en donde la guapa Kim Basinger hace uno de los bailes más sensuales y eróticos en un filme, empezó a bailar. Ella tenía un vestido rojo con escote que combinaba con su esbelta figura y su cabello negro largo. Todos pensamos que se trataría de un baile sensual y nada más, pero fue algo más.
Laura, se contorneaba eróticamente que a todos nos dejó con la boca abierta. Movía sus caderas de un lado a otro y sensualmente subía sus manos hasta sus pechos. Había silencio entre nosotros, pero el resto de la gente que estaba en la discoteca la alentaba a seguir con su baile sensual. Para ella en ese instante, sólo estaba la música, la mesa y el baile. Carlos se me acercó y me dijo que hiciera algo por controlarla, pero para ser sincero no pude hacer nada hasta cuando ella terminó ese baile erótico.
Me acerqué a ella y la bajé de la mesa diciéndole que estaba ebria y que la llevaría a su casa. Me quedó mirando con sus grandes ojos negros y penetrantes, que por poco y casi me vencen. Ella me dijo: No quiero ir a mi casa, vamos a otro lado, quiero que me pase un poco la borrachera. La subí a un taxi y nos fuimos a un restaurante en el cual siempre nos reunimos toda la mancha de amigos. Ella por unos minutos estuvo en silencio, hasta que comenzó a llorar. Me dijo que se sentía avergonzada por lo que había hecho, pero que debía hacerlo. Le pregunté el porque y simplemente me respondió que estaba pagando una apuesta que había perdido con el sujeto con el que había llegado acompañada. Era el bailar encima de la mesa o acostarse con él y ella había optado por la danza sensual.
No podía tener relaciones con él porque es el esposo de una de mis amigas de trabajo, dijo, pero debía pagar la apuesta. Le pregunté qué había apostado y me dijo me contentara con saber que había sido una apuesta. Rápidamente cambiamos de tema y de un momento otro terminamos hablando de lo que me pasaba a mí y como estaba mi vida amorosa, que por cierto en ese momento estaba hecha una calamidad pues había terminado con mi pareja. Estuvimos hablando largo rato, no supimos cuanto tiempo en realidad, pero al final terminamos en su casa y en su cama haciendo el amor. Algo sucedió ese día. Algo nos conectó de tal manera, que desde esa noche esa casa, esa cama y ese cuerpo me pertenecen y por más que alguien quiera entrar, al admisión es reservada.
Es guapa y atractiva por el carácter fuerte y determinado que tiene, pero nunca pensé que en tan sólo unos minutos de locura sucedieran tantas cosas. Pero bueno, iremos al grano. El sábado por la noche, acordamos un grupo de amigos ir a una discoteca de propiedad de Carlos un amigo al que no habíamos visto desde hacía un tiempo, pues se había dedicado a sacar adelante su negocio y por cierto le iba muy bien.
Llegamos al local cerca de las once de la noche. Laura se apareció con un tipo al que nunca habíamos visto. Cuando lo presentó dijo se trataba de un amigo de la universidad, pero todos nos miramos pues casi todos había estudiado en la misma U. Nos pareció raro, pero al final se unió al grupo y rápidamente se hizo a nosotros. Se le veía era un buen pata, hasta ese momento.
Con el paso de las horas y también de los tragos, todos comenzamos a hacer un poco de locuras. Zoila por ejemplo, se subió a una mesa y empezó a bailar una poderosa canción de Sting. Oswaldo se tomó dos vasos de cerveza seguidos, pero nadie se imaginó que Laura se tiraría al ruedo y haría algo osado.
Se levantó de su asiento cuando pusieron la canción principal de la película Nueve semanas y media, sí esa misma, en donde la guapa Kim Basinger hace uno de los bailes más sensuales y eróticos en un filme, empezó a bailar. Ella tenía un vestido rojo con escote que combinaba con su esbelta figura y su cabello negro largo. Todos pensamos que se trataría de un baile sensual y nada más, pero fue algo más.
Laura, se contorneaba eróticamente que a todos nos dejó con la boca abierta. Movía sus caderas de un lado a otro y sensualmente subía sus manos hasta sus pechos. Había silencio entre nosotros, pero el resto de la gente que estaba en la discoteca la alentaba a seguir con su baile sensual. Para ella en ese instante, sólo estaba la música, la mesa y el baile. Carlos se me acercó y me dijo que hiciera algo por controlarla, pero para ser sincero no pude hacer nada hasta cuando ella terminó ese baile erótico.
Me acerqué a ella y la bajé de la mesa diciéndole que estaba ebria y que la llevaría a su casa. Me quedó mirando con sus grandes ojos negros y penetrantes, que por poco y casi me vencen. Ella me dijo: No quiero ir a mi casa, vamos a otro lado, quiero que me pase un poco la borrachera. La subí a un taxi y nos fuimos a un restaurante en el cual siempre nos reunimos toda la mancha de amigos. Ella por unos minutos estuvo en silencio, hasta que comenzó a llorar. Me dijo que se sentía avergonzada por lo que había hecho, pero que debía hacerlo. Le pregunté el porque y simplemente me respondió que estaba pagando una apuesta que había perdido con el sujeto con el que había llegado acompañada. Era el bailar encima de la mesa o acostarse con él y ella había optado por la danza sensual.
No podía tener relaciones con él porque es el esposo de una de mis amigas de trabajo, dijo, pero debía pagar la apuesta. Le pregunté qué había apostado y me dijo me contentara con saber que había sido una apuesta. Rápidamente cambiamos de tema y de un momento otro terminamos hablando de lo que me pasaba a mí y como estaba mi vida amorosa, que por cierto en ese momento estaba hecha una calamidad pues había terminado con mi pareja. Estuvimos hablando largo rato, no supimos cuanto tiempo en realidad, pero al final terminamos en su casa y en su cama haciendo el amor. Algo sucedió ese día. Algo nos conectó de tal manera, que desde esa noche esa casa, esa cama y ese cuerpo me pertenecen y por más que alguien quiera entrar, al admisión es reservada.
Plegarias
I
Duerme, duerme mi bien
duerme que ya es tarde
mira que mamá te mima
mira que papi te arrulla.
Recuerda que mañana
es un día de fiesta
recuerda que mañana
es un día especial.
Mamá y papá
te llevarán de paseo
al campo de los sueños
donde todos tus deseos
se volverán realidad.
Duerme mi niña linda
duérmete ya
mira que mañana
es un día especial.
No recuerdas que mañana
tu madre te llevará
a los campos donde los sueños
podrán hacerse realidad.
Mañana en los campos
mamá y papá
podrán pedir a Dios
que te devuelva la salud
y nos devuelva la felicidad
que nos dio cuando naciste.
Mañana por la mañana
elevaremos una plegaria
para que el corazón de piedra
del hacedor
nos permita verte caminar
nos permita verte jugar
sonreír, saltar y cantar
como lo habíamos soñamos.
Dios es grande y misericordioso
y esperamos que cuando te vea
sienta compasión de tus padres
y haga caso de nuestros ruegos
también de nuestras súplicas
y te devuelva a nosotros
como siempre te soñamos:
El niño perfecto que engendramos.
II
Eres sabio y misericordioso
Eres bueno y protector
¿Por qué me alejaste de tus brazos?
¿Por qué me castigas así?
No sabes que un niño
tiene derechos a caminar y jugar.
Eres grande y poderoso
eres todo compasión
¿por qué me quitas
la alegría de ser un niño feliz?
Dame la oportunidad
de jugar con mi padre
de dar mis primeros pasos
hacia los brazos de mi madre.
Eres grande y poderoso
eres todo compasión
por eso te pido
hagas caso de mis ruegos
y me concedas el donde
de ser un niño normal.
Duerme, duerme mi bien
duerme que ya es tarde
mira que mamá te mima
mira que papi te arrulla.
Recuerda que mañana
es un día de fiesta
recuerda que mañana
es un día especial.
Mamá y papá
te llevarán de paseo
al campo de los sueños
donde todos tus deseos
se volverán realidad.
Duerme mi niña linda
duérmete ya
mira que mañana
es un día especial.
No recuerdas que mañana
tu madre te llevará
a los campos donde los sueños
podrán hacerse realidad.
Mañana en los campos
mamá y papá
podrán pedir a Dios
que te devuelva la salud
y nos devuelva la felicidad
que nos dio cuando naciste.
Mañana por la mañana
elevaremos una plegaria
para que el corazón de piedra
del hacedor
nos permita verte caminar
nos permita verte jugar
sonreír, saltar y cantar
como lo habíamos soñamos.
Dios es grande y misericordioso
y esperamos que cuando te vea
sienta compasión de tus padres
y haga caso de nuestros ruegos
también de nuestras súplicas
y te devuelva a nosotros
como siempre te soñamos:
El niño perfecto que engendramos.
II
Eres sabio y misericordioso
Eres bueno y protector
¿Por qué me alejaste de tus brazos?
¿Por qué me castigas así?
No sabes que un niño
tiene derechos a caminar y jugar.
Eres grande y poderoso
eres todo compasión
¿por qué me quitas
la alegría de ser un niño feliz?
Dame la oportunidad
de jugar con mi padre
de dar mis primeros pasos
hacia los brazos de mi madre.
Eres grande y poderoso
eres todo compasión
por eso te pido
hagas caso de mis ruegos
y me concedas el donde
de ser un niño normal.
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