domingo, 23 de diciembre de 2007

Confesiones de una pulga: El Inicio

Mi vida era tranquila y plácida en la piel de un hermoso perro siberiano. Tenía todo lo que quería. Comida en todo momento y abrigo. Podía recorrer toda su piel a saltos sin que nadie me pudiera ver, ni sentir hasta que ocurrió lo inevitable. Parece que piqué mucho la piel del can que éste se rascó con tanta fuerza que me hizo salir disparada de su piel y caer sobre una cama que tenía unas sabanas blancas muy limpias. No sabía a quién pertenecía esa habitación. Era la primera vez que veía semejante cuarto. Por un instante al saberme fuera de mi hábitat natural me asusté y comencé a buscar desesperadamente al perro, el que había desaparecido. Estaba sola y sin sabe qué hacer.
Entré en pánico y comencé a saltar desesperadamente por toda la cama hasta que escuché unos fuertes ruidos. Alguien abría la puerta. Permanecí quieta hasta que ví dibujarse una silueta. Era Silvana. No la había visto desde hacía tiempo y no sabía que había caído en su habitación. Permanecí quieta hasta que ella se sentó frente a su tocador. Se le notaba sudorosa y agitaba. Había estado jugando tenis con sus amigas y ya era la hora del almuerzo y debían asearse. El verla desvestirse fue todo un espectáculo. Primero se soltó el lazo que ataba su cabello y daba forma a una cola de caballo. Con sus manos lo agitó y éste caída sobre sus hombros. Luego prosiguió a desabotonarse la blusa y a sacársela por completo. Su torso quedó expuesto. Casi inmediatamente se quitó su brassier y lo tiro sobre la cama. Luego se quitó su falsa y su trusa e inmediatamente se dirigió a ducharse. Mientras se aseaba ella cantaba, parecía alegre.
Luego de unos minutos salió envuelta en una toalla. Se sentó nuevamente frente a su tocador y empezó el ritual de maquillarse. Primero limpió su rostro con una crema y luego empezó a ponerse maquillaje. Fue a su ropero y uno de los cajones escogió la ropa interior que se iba a poner. Mientras ella seguía con todo ese ritual de vestirse, había hecho su aparición un personaje al que yo no conocía.
Este insano individuo se había posesionado de una ventana. Estaba completamente agazapado y la observaba. Miraba con lascivia la escena y no se perdía ni uno de los movimientos de la joven Silvana. Para quienes no lo saben ella es sólo una niña, tiene 15 años.
No sé como pero Silvana se dio cuenta de la presencia del tipo y por un momento pensé que ella lo correría o que taparía con algo su cuerpo, pero no fue así. Ella continuó como si nada hubiera pasado. Creo que hasta comenzó a exhibirse para él. Por lo visto ella lo conocía y no le molestaba que la viera desnuda. El pata estaba como en otro mundo. Extasiado, y sin movimiento alguno. Ella sabía que lo tenía a su merced y que desde ese momento el pobre hombre haría lo que ella le pidiera. Simplemente estaba perdido y creo que eso a él no le importaba.
Mientras tanto el tiempo transcurría y cada vez más sentía hambre y ya no tenía al perro siberiano para alimentarme así que debía buscar otro manantial. De un momento a otro, un grito se escuchó: Bajen a comer y salí corriendo.

1 comentario:

Claudia dijo...

tranquilo pulguita...ta chevre el relato!!!