miércoles, 26 de diciembre de 2007

Confesiones de una pulga: Juegos peligrosos

Lunes por la mañana. Silvana se levantó apresurada. Se le había hecho tarde para ir al colegio. Por mi parte aún tenía sueño así que seguí durmiendo mientras ella se duchaba. Luego trepé a su falda del uniforme escolar y la acompañé a clases. Creía iba a ser emocionante, pero las ocho horas que estuvo escuchando clases fueron una tortura para mí. Quería que alguien me quite ese sufrimiento, pero tuve que soportarlo, especialmente a aquel profe de matemáticas. Qué tortura. El hombre tenía una voz que adormecía a todo mundo. Por instantes veía a Silvana dar unos cabezazos o pestañeadas, pero luego se recuperaba y continuaba escuchando clases.
Con el transcurso de las horas, por fin vino el fin de la jornada. Me sentía exhausto y no me había alimentado bien. Sólo succioné un poco de sangre de una de sus piernas, pero no había sido suficiente. Esperé pacientemente llegar a casa.
Ya en su habitación, Silvana comenzó a llamar a cada una de sus amigas y les contó lo que había hecho el fin de semana con ese sujeto. No les dejó ningún detalle a la imaginación. Les dijo que el pata con el que había estado tenía manos fuertes y firmes y un muy bien desarrollado tórax. Fuertes brazos desarrollados producto del levantamiento de pesas. Silvana estaba verdaderamente emocionada por la relación iniciada con ese tipo y sus amigas la azuzaban para que continúe en el juego. Después de varios minutos de charla calentona entre adolescentes, se despidió y se desvistió con rapidez y se bañó. Escuché algo que el sujeto la iba a visitar, así que ella quería sentirse fresca y estar lista para la acción. No demoró mucho.
Se puso un short corto y un polo apretado a su cuerpo. No llevaba sostén. Estoy seguro que todo lo tenía planeado, pues el sujeto llegó cerca de las siete de la noche a verla. Él le dijo que quería salir con ella, quizá al cine, quizá a comer. Pero ella prefirió quedarse en su casa, en su sala, pues sus padres no estaban y tenía que ver a sus hermanos menores. Se sentaron en un sillón grande y cómodo ubicado frente a un televisor. Por unos minutos vieron algunas de esas series bobas que dan en Ther Wornel Channel y luego apagaron el Tv. y comenzaron a charla. Ella estaba muy pegado a él, pero sostenía sus manos y evitaba de esa manera que recorra su cuerpo. El pata estaba loco de excitación. Quería librar sus manos pero no podía, hasta que por fin se resignó. Habría pasado un par de horas cuando el tipo que estaba con Silvana le dijo que se iba pues era tarde. Creía se iba sin recibir ninguna recompensa a cambio de haber soportado la tortura a la que fue sometido, pero Silvana lo tomó por sorpresa dándole un suave beso en los labios. Te vas tan temprano, le dijo y para ser sincero el pata no tenía ninguna respuesta que dar. Estaba en otro mundo y completamente desarmado. La joven llevó las manos de su acompañante a su cintura y las hizo recorrer su piel con suavidad. Sentía cosquilleos que le daban placer, mientras que él estaba agradecido. Todo era parte de su juego y el pobre hombre una vez más comprobó que no tenía con qué defenderse.
Silvana siguió con los jugueteos. Hizo que las manos de él llegaran hasta casi sus pechos. El hizo el intento de llegar, pero le fue impedido ya que la joven lo abrazó y le regaló nuevamente un suave beso en los labios. Después de ello no hubo ningún intento más de él por llegar más lejos. Luego, Silvana le dijo que tenía razón, que ya era tarde y debía irse. Le abrió la puerta, lo palmeó en la espalda y lo despidió. Había ganado su segunda batallada.

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